SOY UN ZOQUETE. ¿PUEDO SER UN GRAN INVERSOR?

by in Cultura Financiera, Finanzas, Opinión y Actualidad 11 octubre 2021

SOY UN ZOQUETE. ¿PUEDO SER UN GRAN INVERSOR?

Desde que Daniel Kahneman con su Pensar rápido, pensar despacio y otros autores se lanzaran al ruedo de las finanzas conductuales el inversor ha sido advertido en múltiples ocasiones de los problemas psicológicos que nuestra compleja relación con el dinero nos produce. Ahora todo son “sesgos del comportamiento.” Antes, en cambio, se presumía de la racionalidad de quienes actuaban en el mercado y se construían teorías en torno a esa “racionalidad.” De repente hemos descubierto que somos víctimas de nosotros mismos y de nuestras emociones y que no damos pie con bola porque los sesgos nos dominan y el “behavior gap” define el resultado de nuestras inversiones. Pero quizá, como casi todo en la vida, ni lo uno ni lo otro. El hecho mismo de abordar el tema de nuestra irracionalidad en los mercados y enfocar las maneras de contrarrestar sus nocivos efectos no deja de ser una actitud racional.

SOY UN ZOQUETE. ¿PUEDO SER UN GRAN INVERSOR?

Sin embargo, parece (o es nuestra precepción subjetiva, más bien) que la pericia técnica, el conocimiento de los mercados, las herramientas de inversión, etc., tanto desde la perspectiva del análisis técnico como desde la del fundamental o el macro o cualquier otra, se tornan ahora en un elemento secundario, dejando paso al factor conductual como el más importante y decisivo. Se alimenta de esta forma la idea de que “cualquiera” puede invertir con éxito, aunque sea un zoquete y no sepa hacer la O con un canuto, siempre y cuando “sepa comportarse.” La inversión se convierte en un manual de auto-ayuda, en un “coaching” de crecimiento personal y pensamiento positivo.

Quizá las palabras del padre del value investing (y otras muchas cosas), Benjamin Graham, ya al comienzo de su célebre El Inversor Inteligente, tengan parte de la culpa:

“Hemos visto ganar y conservar mucho más dinero a “personas comunes” que estaban temperamentalmente bien dotadas para el proceso de inversión que a otras personas que carecían de esta buena predisposición anímica, aunque tuviesen un gran conocimiento de las finanzas, la contabilidad y la historia del mercado de valores.”

Que Graham apele a las “personas comunes” bien dotadas de temperamento para invertir por encima de sus conocimientos contables y financieros y de la propia historia del mercado valores ha hecho posible, quizá, que cualquiera se crea “lo suficientemente listo” para invertir con éxito. Poco importa que el propio Graham tuviera unos conocimientos elefantiásicos del mercado de valores, su historia y las técnicas de análisis y contabilidad. De hecho, él mismo es parte de la historia de ese mercado.

A su vez, que Warren Buffett, justamente admirado y, a la vez, reverenciado hasta el absurdo, comenzara su Prefacio a la última edición de El Inversor Inteligente apelando al factor conductual, puede haber acrecentado todavía más, así como sus muchas frases célebres, esta percepción:

“Para invertir con éxito durante toda la vida no es necesario un coeficiente intelectual estratosférico, un conocimiento empresarial extraordinario ni información privilegiada. Lo que hace falta es una infraestructura intelectual que permita adoptar decisiones y la capacidad de evitar que las emociones deterioren esa infraestructura.”

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Todos nos acordamos también de la famosa sentencia de Peter Lynch respecto a lo que de verdad se necesita para invertir: “El destino de un inversor lo marca su estómago, no su cerebro.” Y es sabido que otros muchos grandes inversores apelan constantemente al factor conductual con mayor o menor ingenio que Lynch a la hora de construir aforismos atractivos.

Esta retórica no es privativa del análisis fundamental, sino que es compartida por el análisis técnico y el macro, apelando a conceptos como disciplina, alejamiento de las emociones, sistema, o similares. Hasta es frecuente el dividir la fórmula del éxito de un inversor en porcentajes, al estilo de un 90% comportamiento, un 10% conocimiento, por ejemplo.

El relato es positivo porque transmite la idea, a nuestro modo de ver un tanto peligrosa, de que cualquiera puede obtener grandes resultados en los mercados si cultiva el noble arte de la autocontención emocional y aprende a que todo y todos le “resbalen.” No importa lo zoquete que seas. Lo importante es que aprendas a reaccionar bien. Da igual que no distingas el PER del EBITDA o que confundas un doble suelo con un techo. Importa poco que no hayas estudiado la historia del mercado de valores y que te importe bien poco lo que ocurrió no ya en 1929 sino en 2000-2002 o 2008. Lo que cuenta es que tu cabeza se parezca a un témpano de hielo y tu corazón se halle en busca y captura.

SOY UN ZOQUETE. ¿PUEDO SER UN GRAN INVERSOR?

Al hilo de todo lo anterior nos ha parecido interesante resaltar el perfil de quien probablemente sea uno de los mejores inversores de la historia, sino el mejor. Nos referimos a Jim Simons. De su trayectoria vital y profesional podemos extraer muchos temas interesantes de debate relativos a la inversión. Algo que haremos en el futuro. Hoy nos ceñiremos a si para obtener los resultados de Simons sirve cualquiera o es necesario ser un genio. Y la respuesta es que es necesario ser un genio. Probable y seguramente.

De hecho, Simons no era “un cualquiera.” Antes de empezar su trayectoria como inversor Simons ya era conocido por ser un afamado matemático. De hecho, dejó a los 40 años su carrera como tal para fundar su celebérrima firma de inversión, Renaissance Tech. La joya de RT era el Medallion Fund, cuyos resultados desde 1988 han sido espectaculares: entre 1988-2018 generó una rentabilidad anual del ¡66%! (un ¡39%! después de costes de gastos, que incluían gestión y parte de los beneficios).

Antes de crear lo que Bloomberg denominó como “the greatest money-making machine ever”, la verdad es que Simons ya era “alguien”, no “cualquiera” (por muy bien dotado de temperamento que estuviera). Véase en la imagen de abajo su tremendo currículo:

El colosal éxito de Simons tiene su origen en este currículo y su idea de usar complejos modelos matemáticos para encontrar señales y tendencias en el mercado a través de los cuales predecir el futuro movimiento de los precios. Ahí es nada. Puede entonces que en Fintwit abunden los perfiles con un IQ tan elevado como para parir complejos modelos matemáticos o, sin ser tan complejos, como para idear sistemas y procedimientos que proporcionen rentabilidades de no ya dos dígitos sino tres. Y dedicándole una hora al día, no vayamos a restarle tiempo a Netflix.

No obstante, es posible que la mayor parte de nosotros estemos “sobre la media” y que, por tanto, obtener unos resultados tan sobresalientes como los de Simons pertenezca más al mundo de la ciencia-ficción o el wishful thinking que a la cruda realidad. Lo cual no significa que el elemento conductual no sea importante. Lo es y mucho. Lo que significa es que sólo con buen temperamento un inversor no va a obtener, o no es probable que obtenga, unos resultados superiores a la media. Tendrá que ser medianamente inteligente, “listo” también, trabajador y estudiar mucho. Porque al final no llega a CFA cualquiera, por mucho que en Fintwit se brame en contra.

O, dicho de otra manera, más elegante:

“El arte de la inversión tiene una característica que por lo general no se aprecia. Es posible que el inversor lego obtenga un resultado considerable, aunque no sea espectacular, aplicando un mínimo esfuerzo y capacidad; sin embargo, para mejorar este nivel fácilmente alcanzable es necesaria mucha dedicación y mucho más que un ramalazo de sabiduría. Si simplemente está tratando de aportar un poquito más de conocimiento e inteligencia a su programa de inversiones, en vez de obtener unos resultados un poco mejores de lo normal, podría acabar obteniendo peores resultados que si no hubiese realizado ese pequeño esfuerzo. Dado que cualquier persona puede igualar los resultados medios del mercado, … podría parecer comparativamente sencillo mejorar la media; sin embargo, es un hecho que la proporción de personas inteligentes que tratan de lograr ese resultado y que fracasan es sorprendentemente grande.”

¿Eres un zoquete? No pasa nada. También puedes invertir. Pero no te engañes a ti mismo: para obtener resultados como los de Simons hace falta algo más que “temperamento.” High IQ y mucho trabajo. Lo sentimos si no es tu caso. Tampoco es el nuestro.

@mellizonomics & @quietinvestment

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