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REGLAS GENERALES PARA EVITAR SER VÍCTIMA DE LAS NUEVAS SALIDAS A BOLSA

La experiencia que nos proporciona la debacle de las OPVs, OPSs y demás operaciones de salida a bolsa de nuevas empresas durante los años 2006-2013 nos permiten elaborar un breve corpus de recomendaciones que esperamos sean de utilidad para el inversor a fin de preservar sus recursos de la vorágine bursátil que la avaricia, espoleada por la novedad, tiene a bien provocar en sus finanzas y, dado el caso, autoestima.

1. REGLA GENERAL Y EXCEPCIONES

Conviene advertir al lector-inversor que no existe regla general sin excepciones y que tampoco es posible ni probable usar un método perfecto que permita de manera siempre cierta evitar errores de inversión graves cuando de operaciones de salida a bolsa estamos tratando. Quien le venda lo contrario le toma el pelo miserablemente y a nuestro entender haría bien en no hacer demasiado caso de las recomendaciones generales con ínfulas de perfección. Las nuestras no las tienen y, de hecho, son imperfectas, aunque útiles. Si pecan lo hacen por el lado de la excesiva prudencia.

Son pocas las normas y fáciles de seguir para quien reúna voluntad y sepa decir tanto NO como SÍ. Vamos a verlas.

2. REGLA GENERAL Nº 1: NO COMPRAR

“NO ACUDA JAMÁS A UNA OFERTA PÚBLICA DE VENTA (OPV) O A UNA OFERTA PÚBLICA DE SUSCRIPCIÓN DE ACCIONES (OPS) NI ADQUIERA NUNCA ACCIÓN ALGUNA QUE COMIENCE A COTIZAR EX NOVO BIEN A TRAVÉS DE UN LISTING BIEN COMO RESULTADO DE OPERACIONES CORPORATIVAS. EN CONSECUENCIA, NO COMPRARÁ LAS ACCIONES DE LA EMPRESA QUE OBTENDRÁ UNA RENTABILIDAD SOBRESALIENTE, PERO EVITARÁ TODAS LAS ACCIONES QUE OBTENDRÁN RESULTADOS MALOS O DESASTROSOS PUES A PRIORI LAS PROBABILIDADES DE ACERTAR CON LA COMPAÑÍA CORRECTA SON MUY REDUCIDAS MIENTRAS QUE LAS PROBABILIDADES DE ADQUIRIR LAS ACCIONES DE LA EMPRESA EQUIVOCADA SON MUY ELEVADAS.”

Aquí tenemos a Don Perogrullo hecho recomendación bursátil. El lector está en lo cierto. Sin embargo, esta norma resulta de una claridad apabullante y de una sencillez difícil de batir: no acuda a ninguna OPV, OPS o similares. No compre. Ya está. Deje que los demás asuman ese riesgo por muy cínica que esta recomendación le parezca. Y espere pacientemente que su momento llegue. No acuda al ruido. Compre un paraguas.

Hay una primera y muy buena razón para ello: la experiencia demuestra, tal como hemos visto para el año 2006, 2007 y el sexenio friki 2008-2013, que las probabilidades de comprar esto…

…son realmente escasas mientras que las de adquirir esto otro…

…resultan aterradoramente elevadas al tiempo que el inversor se muestra claramente propenso a recordar esto…

…y olvidarse de esto otro, que por cierto sucede con mucha más frecuencia…

Dicho de otra manera: el sesgo de supervivencia envenena el criterio del inversor a la hora de valorar si acudir o no a una OPV/OPS. Las consecuencias de esta ceguera selectiva suelen ser perniciosas para su bolsillo y, repetimos, autoestima. De esta última es posible recuperarse. De la anterior, dependiendo del caso, altamente difícil y a veces imposible.

No se deprima el inversor pensando que tal cosa le ocurre sólo a él y no a los demás. Efectivamente, a los demás también les pasa y dentro del término “demás” o “los otros” se incluye a los profesionales del mundo de la inversión. De los más afamados a los más “afamables.” Todos pecan sin excepción.

Esta recomendación, draconiana por naturaleza, choca de lleno con algunos de los instintos más primarios y nocivos del inversor, como el comportamiento gregario, pues anunciada a bombo y platillo la nueva OPV por sus promotores y corifeos de los medios de comunicación y RRSS surge el “todos van a comprar” y “no quiero ser el único que se pierda la fiesta.” No, no hay fiesta alguna. En todo caso, funeral. Hay 5 FAANGs. Por cada una de ellas se cuentan por decenas (y centenes) los cadáveres.

Otro buen motivo para hacer el titánico esfuerzo de decir NO en lugar de decir SI es el siguiente:

“POR NORMA GENERAL LAS SALIDAS A BOLSA DE NUEVAS EMPRESAS SE PRODUCEN EN SITUACIONES DE MERCADO FAVORABLES AL VENDEDOR DE LAS ACCIONES Y NO AL COMPRADOR QUE ACUDE A LA OPV, OPS U OPERACIÓN ASIMILADA. MUCHAS DE LAS NUEVAS COMPAÑÍAS ATESORAN CALIDAD SUFICIENTE AB INITIO O SERÁN CAPACES DE SUPERAR SUS PROBLEMAS CON EL TIEMPO, PERO EL INVERSOR QUE COMPRA SUS ACCIONES PIERDE DINERO NO POR UN PROBLEMA INTRÍNSECO DE CALIDAD DE LA EMPRESA SINO PORQUE HA PAGADO UN PRECIO DESMESURADAMENTE ELEVADO POR ELLA DESDE EL PRINCIPIO. EN EL RESTO DE LOS CASOS PERDERÁ SU DINERO PORQUE EL ALTO NÚMERO DE SALIDAS A BOLSA FAVORECE LA APARICIÓN DE ENTIDADES DE BAJA CALIDAD Y MAL DIRIGIDAS. EN LA MAYORÍA DE LOS CASOS EL INVERSOR QUE ASPIRE A OBTENER BENEFICIOS CON ESTAS COMPAÑÍAS DEBE COMPRAR LAS ACCIONES BASTANTE TIEMPO DESPUÉS DE SU SALIDA A BOLSA.”

En una OPV u OPS alguien vende algo a alguien. Eso es todo. Por tanto, el incentivo del vendedor será hacerlo en las mejores condiciones para él y no para el comprador. No es de extrañar que las nuevas salidas a bolsa proliferen en momentos de mercado alcistas y no al revés. En ocasiones leemos en la prensa que una OPV u OPS se ha cancelado o aplazado porque el emisor ha estimado que “el mercado no reúne en estos momentos las condiciones necesarias para realizar la operación.” ¿Puede alguien decirte algo de manera más clara? A nuestro entender NO. Incomprensiblemente muchos inversores entienden justamente lo contrario y, en consecuencia, terminan abonando precios ventajosos para el vendedor e intrínsecamente caros para el comprador, algo que se acentúa si cabe más cuando la bolsa está en ebullición alcista.

3. REGLA GENERAL Nº 2: NO COMPRAR POCO DESPUÉS

Sólo puede haber algo peor que comprar las acciones en la OPV u OPS y ese algo es hacerlo poco después. Además, no suele ser una buena idea ni en un sentido alcista ni siquiera en otro bajista. ¿Qué quiere esto decir?

Es frecuente, en las efervescencias bursátiles, que las nuevas salidas a bolsa se vean acompañadas de alzas de los precios por encima o incluso muy por encima de su precio inicial de colocación. En tal caso, el comprador posterior a la operación de salida a bolsa incrementa su riesgo por encima del comprador inicial, que ya de por sí asume un riesgo enorme, y es probable que le ocurra algo parecido a esto:

El comprador de SOLARIA a finales de 2007 pagó el doble por las acciones que el comprador original de unos meses antes. Ambos han experimentado pérdidas enormes pero el segundo comprador que pagó lo indecible por los títulos ha perdido hasta la camisa a pesar de la recuperación de la cotización a partir de 2017.

A su vez, si los títulos tienen una mala acogida en su estreno a bolsa y bajan incluso rápidamente comprar después tampoco garantiza al inversor ningún tipo de éxito porque bien le puede pasar lo siguiente:

Lo cierto es que tanto comprar directamente las acciones en OPV u OPS como hacerlo poco después no prometen al inversor ningún tipo de garantía respecto a la obtención de ganancias ni tampoco, y es lo más importante, respecto a la preservación del capital invertido independientemente de que las nuevas acciones tengan una buena acogida bursátil y suban o que la tengan mala y bajen.

4. EXCEPCIÓN A LAS REGLAS GENERALES 1 Y 2

A nuestro modo de ver sólo hay una manera de evitar estrellarse en una OPV/OPS o similares, pero es muy poco probable que el inversor individual (e institucional) lo reconozcan con sinceridad. Y no nos referimos a la suerte.

Si el inversor posee un alto conocimiento de la empresa nueva que va a saltar a los parqués y la relación entre su precio y su valor le parece ventajosa o al menos no desventajosa quizá acierte con su compra. Pero para conocer bien la compañía hay que empezar por leerse su folleto de emisión que suele ser un tostón más largo que “En busca del tiempo perdido.” Muchos compradores en OPVs y OPSs le dirán que se leen los documentos y los estudian bien. Lo mismo los profesionales.

Nosotros no creemos ni a unos ni a otros salvo excepciones. La inmensa mayoría de inversores que acuden en manada a OPVs y OPSs no tienen más referencia ni conocimiento de aquello que se disponen eufóricos a comprar que los resúmenes de la prensa financiera y opiniones varias, en el mejor de los casos, y su propio instinto en el peor. Compran “de oídas” o “de leídas.” En ambos casos sucumben a la vorágine del SÍ.

No obstante, o se dominan muy bien las circunstancias y pormenores particulares de la entidad que va a salir a bolsa o de lo contrario la compra de sus acciones no tiene más valor que un dardo arrojado al azar en una diana. Muy pocos inversores pueden sinceramente sostener con credibilidad que en verdad se han leído y examinado bien el folleto de emisión y demás circunstancias que rodean a la entidad tales como la calidad de los gestores, la competencia, las ventajas competitivas o las expectativas probables de obtener beneficios e incrementarlos con el paso del tiempo. Hay mucho parloteo y mucha pedantería del tipo “mi tesis de inversión en…”, pero entre hacer los deberes y jugar a la pilla los inversores se apuntan con creces al “corre que te pillo.”

5. REGLA GENERAL Nº 3: REGLA DEL 1 + 1 + 5

Una empresa es una realidad dinámica que interacciona en un sistema complejo, el mercado, donde el porvenir es incierto. Sólo el tiempo funciona entonces como juez fiable del buen hacer de una entidad y de su resistencia a las adversidades, así como de su capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias.

De eso va la regla del 1 + 1 + 5. De esperar.

De esperar a que la compañía tenga un recorrido histórico que nos permita, por lo menos, evitar a las perdedoras natas o muy natas. No es recomendable comprar en el año mismo en el cual se produce la operación de salida a bolsa debido a los excesos psicológicos de la masa inversora y a las fabulaciones futuristas de los promotores de las OPVs y similares.

Tampoco parece prudente comprar en el ejercicio siguiente pues si la empresa ha recabado fondos para emprender nuevos proyectos o es el resultado de una operación corporativa se encontrará asignando el capital reunido o realizando sus “sinergias.” Ni el año de salida a bolsa ni el siguiente al mismo nos parecen fiables a efectos de valorar la performance de una compañía. Demasiado ruido y todavía mucho por hacer.

Pero un plazo de tiempo lo suficientemente significativo después sí. Por ejemplo 5 años. Así, una compañía que debuta en 2006 y a la que dejamos un año más de asignación de capital, 2007, empieza a ser apta para su análisis cuando en marzo de 2013 el inversor cuenta con 5 ejercicios completos, 2008-2012, que puede examinar con calma.

Veamos algún caso, como RENTA CORPORACIÓN, primera OPV del 2006:

Para empezar, en 2013 se habría evitado comprar a los precios desorbitados de 2006-2007 y además podría echar un vistazo, por ejemplo, a su cuenta de resultados entre 2008-2012:

Probablemente ahora se lo hubiera pensado dos veces antes de comprar. Máxime atendiendo a la situación patrimonial de la entidad:

Quizá el inversor pensara entonces que mejor esperar a que se solventen los problemas de esta compañía o tengan pinta de solventarse antes que arriesgar su patrimonio en semejante aventura.

Este criterio no le salva de experimentar depreciaciones. Por ejemplo, con TÉCNICAS REUNIDAS:

Pero a estas alturas del primer trimestre de 2013 por lo menos sabría que TRE es una empresa que gana dinero y no presenta ni pérdidas recurrentes ni coyunturales:

La regla del 1 + 1 + 5 tampoco le impide obtener beneficios con la única triunfadora nata del 2006, GRIFOLS:

Pero, además, la regla del 1 + 1 + 5 ofrece la ventaja de poder realizar compras en mejores condiciones que las de la OPV cuando se constata cierta calidad en la empresa, como es el caso de CLÍNICA BAVIERA, primera OPV del 2007. Aquí, el inversor cuenta con el período 2009-2013 así que en marzo de 2014 puede llegar a la conclusión de que no está en tan mal lugar si decide comprar:

A estas alturas tiene 5 ejercicios completos, excluidos el 2007 de la salida a bolsa y el posterior, 2008, para examinar entre otras muchas cosas la cuenta de resultados:

O bien el balance:

La regla del 1 + 1 + 5 proporciona al inversor algo de lo que no dispone cuando la empresa comienza a cotizar: información contable a lo largo de un período de tiempo razonablemente significativo que permite dibujar rasgos de estabilidad, regularidad, constancia y beneficios recurrentes e incluso crecientes. Y eso sirve para todo tipo de empresas, perdedoras (la mayoría) y ganadoras (la minoría).

Si la compañía vendía humo esta regla lo desvelará pues comprende en la práctica 7 ejercicios de testeo incluido el de la OPV/OPS y el posterior a ella. Si no vendía humo entonces el inversor lo confirmará con datos prolongados en el tiempo y su decisión versará entonces sobre si el precio es adecuado o no, pudiendo esperar en caso negativo a que la volatilidad connatural del mercado genere una buena oportunidad de compra.

En el supuesto de AMADEUS, que ve la luz en 2010, el período de control comprende los cinco años que median entre 2012-2016, lo cual significa que en el primer trimestre de 2017 el inversor ya sabe en gran medida a qué atenerse con la empresa pues por lo menos puede llegar a la conclusión de que obtiene beneficios:

En tal caso podrá decidir si el precio de cotización es bueno o no para la realidad presente de la entidad y sus expectativas futuras:

El comprador de AMADEUS en marzo de 2017 se ha perdido una parte muy significativa de su alza, pero no le ha ido nada mal desde entonces pues ha tenido la precaución de constatar con datos que esta empresa gana dinero. No hay regla perfecta y esta tampoco lo es, pues si bien impide comprar ab initio a las grandes triunfadoras por otro lado permite evitar a su vez a las perdedoras, mucho más numerosas.

La regla del 1 + 1 + 5 tiene el inconveniente de eliminar a muchas compañías nuevas del radar del inversor. De nuestra lista primigenia sólo es aplicable a las nuevas salidas a bolsa realizadas entre 2006-2011. No obstante, puede también el inversor optar por una versión más reducida de esta norma, como, por ejemplo, la regla del 1 + 1 + 3 pudiendo así incluir las nuevas empresas aparecidas hasta 2014.

Quizá esta regla resulte controvertida para el inversor, pero su utilidad es elevada. Le alejará sin lugar a dudas de las entidades que vendían humo e ilusiones varias a la vez que le permitirá invertir en empresas que se han ido recuperando tras un estreno en bolsa que comenzó en las nubes y pasó por las catacumbas.

Como inconveniente claro le apartará de la nueva Inditex. Pero esto no debería afectarle tanto como se imagina porque las empresas excelentes sufren oscilaciones bursátiles tan intensas como las menos excelentes. Significa esto que siempre hay tiempo para comprar lo bueno una vez se constata que lo es, mientras que falta el tiempo para desprenderse de lo malo una vez que se verifica que nos han tomado el pelo.

En el primer caso se puede todavía ganar dinero y mucho. En el segundo no habrá, sin embargo, piedad ni compasión para el patrimonio del inversor y sus pérdidas patrimoniales pueden llegar a ser permanentes.

La regla del 1 + 1 + 5 admite muchas modulaciones temporales pues puede reducirse su duración. Nosotros creemos que lo mínimo que hay que esperar es 3 años. Por ejemplo, para una OPV de 2006 habría que disponer del análisis contable de ese ejercicio, del 2007 que es el siguiente al de la OPV y del 2008. Así, en el primer trimestre de 2009 el inversor tendría algo a lo que aferrarse. A nuestro entender esto es lo mínimo que hay que esperar. Entre este mínimo y la seguridad máxima del 1 + 1 + 5 puede cualquier inversor ajustar y modular el tiempo de espera necesario que estime para cada empresa nueva en función de sus características. No le garantiza todo lo anterior que tenga éxito en su compra, de realizarla, pero sí le garantiza al 100% que elevará sus probabilidades de evitar empresas vende-humos y acertar a su vez con las compañías ganadoras.

Rogamos, pues, que se lo piense dos veces antes de acudir a una OPV/OPS o cualquier cosa que se le parezca. Respire hondo, cierre los ojos, cuente hasta siete o al menos hasta 3 y siga tranquilo con su vida al tiempo que se olvida de la de los demás.

Santiago Casal

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