NEWSLETTER DE COBAS AM. DICIEMBRE 2020

by in Cultura Financiera, Finanzas, Opinión y Actualidad 15 diciembre 2020

NEWSLETTER DE COBAS AM. DICIEMBRE 2020

Ya ha salido la siempre polémica Newsletter de Cobas AM, cerrando este tormentoso e inolvidable año de 2020. Como de costumbre, de factura visual impecable. Reiteramos a sus redactores nuestra felicitación en los mismos términos que hicimos en noviembre.

Los fondos de la gestora han tenido un magnífico mes de noviembre que, sin embargo, no debe hacernos olvidar que los objetivos de rentabilidad y revalorización a los que aspiramos los partícipes se encuentran todavía muy lejos de ser alcanzados:

NEWSLETTER DE COBAS AM. DICIEMBRE 2020

Consecuentemente, los polémicos potenciales de revalorización se han reducido, si bien, a ojos de la gestora (y en contra de la sacrosanta opinión de Twitter) son todavía bastante atractivos:

NEWSLETTER DE COBAS AM. DICIEMBRE 2020

Invitamos al lector a que visite la web de la gestora y lea el resto de la newsletter. En especial, “El libro del mes.” En esta ocasión, ni más ni menos que Los cuatro pilares de la inversión, de William Bernstein.

“El tema del mes” ocupará el resto de este post. El de diciembre se titula El tiempo, value investing y las pensiones.” Dice el informe que se tratan de “tres conceptos fundamentales en la inversión: el largo plazo, considerado nuestro aliado para alcanzar altas rentabilidades, la paciencia, clave del éxito en nuestra filosofía de inversión, y los planes de pensiones, herramientas que generan riqueza de cara a la jubilación.” No es ningún secreto que las dudas que actualmente genera la viabilidad del sistema público de pensiones han provocado que las gestoras se lancen a un nicho de negocio que es previsible que “viva” del miedo de los futuros pensionistas a quedarse sin recursos. Temor, no obstante, plenamente justificado.

No nos parece mal esta preocupación de Cobas y el resto de gestoras, y a las puntualizaciones que hicimos a este tema el mes anterior nos remitimos también ahora, si bien re-citaremos al siempre actual B. Graham, quien, con su agudo sentido de la ironía nos recuerda que “una institución que tiene sus propios productos financieros para vender no puede suponerse que ofrezca una asesoría totalmente imparcial. Por muy éticos que sean sus objetivos, la fuerza impulsora de sus propios intereses seguramente afectará a sus criterios. Eso es especialmente cierto cuando los consejos los dispensa un vendedor cuyo sueldo depende de convencer a sus clientes para que compren los productos financieros que su empresa tiene en el mostrador.”

Teniendo siempre presenta esta oportuna advertencia de Graham, vemos que continúa Cobas con una afirmación altamente dudosa reforzada con un gráfico también altamente convincente: “a largo plazo la probabilidad de que un grupo de compañías destruya riqueza es nula o casi nula.”

NEWSLETTER DE COBAS AM. DICIEMBRE 2020

“En el largo plazo el valor no se destruye.” Evidentemente, esto resulta discutible. ¿Qué tipo de largo plazo? ¿Una década o cuatro o cinco? ¿Invirtiendo de qué manera (con o sin promedio del coste monetario) y en qué clase de activos (sólo acciones)? “Nula o casi nula”, por otro lado, puede ser una expresión demasiado “extensa.” Puede que “reducida” o “muy reducida”, si damos por bueno lo sucedido en el pasado como guía de lo que pueda suceder en el futuro, parece una expresión no sólo más prudente sino probablemente más próxima a la experiencia real de un inversor de carne y hueso que a las frías y descriptivas cifras de un gráfico o una tabla.

Sigue Cobas con la magia del interés compuesto, que efectivamente funciona… siempre y cuando obtengamos una rentabilidad superior a la ofrecida por las obligaciones y el resto de renta fija, algo que debe suceder la mayor parte de las veces, pero no siempre, a largo plazo:

La “volatilidad y el riesgo no son lo mismo”, añade Cobas. Una afirmación también polémica y que, paradójicamente, puede resultar a la vez falaz y verdadera. Si necesitas ahora el dinero y la volatilidad ha jugado en tu contra, desde luego que es un riesgo. En gran parte creado por el propio inversor, que ha ignorado “las reglas” del comportamiento de las acciones. Si no lo necesitas y, conforme a la teoría del value investing y la parábola de Mr. Market, aprovechas la volatilidad en el sentido de invertir más porque la disparidad entre valor y precio se ha ensanchado, entonces no es un riesgo y se trata de una feliz oportunidad. Esto último cree Cobas.

Gestionar renta variable empuja a las gestoras a justificar esa opinión y otras en la misma línea. Y en gran medida los datos lo respaldan. Sin embargo, no parece tan recomendable presentar estos temas de una manera tan maniquea, como si no existieran zonas de grises o como si la historia se repitiera de manera mecanicista, cuando lo que nos enseña el value investing es, sobre todo, a protegernos del futuro antes que intentar aprovecharnos de él.

Finalmente, “el inversor, influenciado por sus sesgos en la toma de decisiones, obtiene menor rentabilidad que invirtiendo en cualquiera de los activos indicados en el gráfico.” O eso revela un estudio de JP Morgan. Ergo, el inversor debería invertir a través de fondos de inversión u otros instrumentos de tipo institucional y no por sí mismo.

El inversor, por su cuenta y riesgo, parece que apenas supera a la inflación, de acuerdo al gráfico de JP y Cobas. Quizá, el gráfico debiera añadir la rentabilidad media del FI en acciones. Al fin y al cabo, los resultados de las gestoras y sus productos son públicos y están muy fiscalizados por múltiples organismos y observadores. En cambio, ¿de qué manera se determinan los resultados reales obtenidos por el inversor individual y qué fiabilidad tienen? Los de los FI desde luego que son hechos, pues provienen de los datos. Los del inversor, en gran parte son opiniones, pues provienen de encuestas y sondeos. Por no mencionar que sólo contempla el universo cotizable. Hemos conocido a varias personas que han invertido bien su dinero sin saber lo que es una acción y que creerían estar leyendo a una panda de tarados si siguieran un hilo de Twitter sobre independencia financiera.

Es inevitable, como anticipa sabiamente Graham, que las gestoras “arrimen la ascua a su sardina.” La sardina es la bondad inherente a la inversión en acciones a largo plazo y, en gran medida, están en lo cierto si el pasado sirve para refrendar el futuro. Pero, obviamente, ni estos temas son tan simples ni carentes de matiz, ni su plasmación en la práctica se reduce a una cuestión de blanco y negro expresada en términos impersonales como si el inversor fuera un bot.

Nos vemos en enero.

@mellizonomics & @quietinvestment

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