MI DINERO, EL DE MI FAMILIA Y EL DE MIS AMIGOS

by in Cultura Financiera, Finanzas, Fondos de inversión, Principios de Inversión 10 noviembre 2019

… el de mis conocidos, mis vecinos, mi barbero, el del butano, los condenados por el Procés, etc. Y el suyo, por supuesto.

Probablemente uno de los incentivos más fuertes que existe a la hora de alinear los intereses del gestor con los del partícipe radique en el hecho de tener invertido el primero todo o casi todo su patrimonio en el fondo o fondos de inversión que él mismo gestiona. Si el gestor se “juega” su propio dinero junto con el de sus clientes parece que habrá de tener especial cuidado en las labores de gestión pues la pérdida del partícipe sería la suya propia. También sería ilógico que se autoengañara a sí mismo en cuestiones obvias como el tan manido potencial de revalorización de las carteras. El ya famoso “hacerse trampas al solitario” patentado por Francisco García Paramés.

Skin in the game. MI DINERO, EL DE MI FAMILIA Y EL DE MIS AMIGOS

Ninguna obligación legal existe al respecto, por supuesto, ni puede haberla, pero tiene todo el sentido del mundo que quien afirma poder obtener rentabilidades superiores a la media ofrecida por el mercado empiece por predicar con el ejemplo y exponerse él mismo, con su patrimonio, a las consecuencias de sus propias decisiones de inversión. Resultaría extraño, por ejemplo, que los gestores de Azvalor no fueran partícipes de sus propios fondos y sí lo fueran, en cambio, de los de Cobas. Y viceversa. O que ninguno invirtiera en las instituciones de inversión colectiva que comercializan y lo hicieran, sin ir más lejos, en el ING FN SP500, indexándose como conejos al supremo tirano americano.

De nuevo estamos ante el pedante y tan de moda “skin in the game.”

1. MI DINERO, EL DE MI FAMILIA Y EL DE MIS AMIGOS. UNA AFIRMACIÓN INCIERTA.

Hace años, al recomendar a un amigo el Bestinfond, recalqué que los gestores tenían su propio dinero invertido en el fondo. A lo cual me respondió este, con suma perspicacia, “¿y tú cómo sabes eso?” Semejante pregunta-respuesta me dejó, he de confesarlo, sin palabras y completamente desarmado. No obstante, todos conocemos la contestación correcta: “en realidad no lo sé, es lo que ellos dicen.”

He aquí, pues, el primer escollo que el inversor se encontrará a la hora de valorar a la madre de todos los incentivos virtuosos. Que no hay manera de verificarlo. O de haberla, los gestores no la ponen nunca, por razones suponemos que de privacidad (en el mejor de los casos), a disposición del partícipe.

Lo mejor que uno puede encontrar al respecto en la web corporativa de la gestora es una suerte de declaración de alineación de intereses, como hace Horos AM:

Alineación de intereses. MI DINERO, EL DE MI FAMILIA Y EL DE MIS AMIGOS

Esta misma gestora informa periódicamente de las suscripciones que realizan sus gestores, tanto a sus planes de pensiones como a sus fondos de inversión:

Magallanes, empresa de gestión de inversiones. MI DINERO, EL DE MI FAMILIA Y EL DE MIS AMIGOS

Lo anterior o algo parecido será todo lo que encuentre en el resto de gestoras independientes. Si lo encuentra. Quizá alguna declaración expresa en ese sentido tanto en la web como en los informes trimestrales y semestrales que se faciliten al partícipe amén de, eso sí, numerosas declaraciones de “viva voz” en conferencias, cursos, charlas, coloquios o entrevistas. Esto último es, de hecho, frecuentísimo. Muy al contrario que sobre la propiedad y los beneficios de la SGIIC, los gestores no desaprovechan la ocasión de recordarle al partícipe y al potencial inversor que sus patrimonios cabalgan juntos.

Lo cierto es que la pregunta acerca del ¿y cómo sé yo eso? se las trae. Interrogado de tal manera el gestor no sería descartable que se sintiera ofendido pues quien pregunta pone en duda su palabra de honor. Él afirma tal cosa y usted parece ponerlo en entredicho como un malandrín sin escrúpulos. Ahora bien, suponga que va a cerrar un negocio donde aporta el 90% del capital y su otro socio el 10% y las tareas de gestión. ¿De verdad no va a pedirle prueba alguna de su aportación del 10%? ¿En serio cerraría usted un trato con alguien aceptando tan sólo su palabra cuando de negocios se trata? De hecho, ambos socios consignarían por escrito sus respectivas obligaciones y aportaciones y sería completamente normal y tranquilamente aceptado el uso de documentos probatorios de cualquier tipo. Como no puede ser de otra manera en aras de la buena fe negocial.

Menos en la relación ¿fiduciaria? entre gestor-partícipe. En este caso es suficiente con que el gestor afirme que prácticamente todo su patrimonio se halla invertido en los fondos de inversión que él mismo gestiona para que por arte de magia el partícipe… simplemente asienta con la cabeza y diga, conmovido y estremecido por las lágrimas, sí a todo. Y aun de mostrar duda o pedir algún tipo de justificante al respecto, el partícipe devendría el “malo de la película” por osar cuestionar la sentida afirmación del gestor, envuelto en ese momento en un halo de santidad empática. Su petición sería incluso considerada … ¡de mal gusto!

Parece que cuando alguien afirma, casi en actitud dramática, que se juega lo mismo que usted, que su suerte y la suya son la misma, nuestras defensas se bajan y nuestra desconfianza se relaja. No digamos si añade a la lista de participantes en el “skin in the game” a su familia, amigos, conocidos, vecinos y “procesistas” varios. Sólo falta la melodía del Romeo y Julieta de Franco Zeffirelli.

2. MI DINERO, EL DE MI FAMILIA Y EL DE MIS AMIGOS. UN CÍRCULO INNECESARIO Y UNA PRUEBA NECESARIA.

Quizá deberíamos colocar esta problemática en su justa medida y desvestirla de la falsa sacralidad no exenta de patetismo que actualmente la recubre.

Primero. La familia, amigos, vecinos, etc. del gestor no le importan al partícipe. Éste debe alegrarse de que el gestor tenga vida familiar y amigos desinteresados y una estupenda vida social. Excelente, pero salvo que alguno de ellos realice labores de gestión u ostente participación en la propiedad de la gestora al partícipe o potencial inversor ni le va ni le viene ni le importa ni le interesa el círculo familiar y social del gestor. Todo aquel que “no pinte nada” directamente en la relación entre gestor y partícipe sobra. Está de más. No hay ni que nombrarlos (en serio) aunque se pueda comentar de voz en las conferencias anuales de clientes u otros foros (de manera informal). Conferirle el dramatismo teatral que los gestores le atribuyen a la participación de sus allegados hasta nos parece de ¡mal gusto! Y por una razón muy sencilla: a ellos nada tiene ni puede el partícipe que exigir o demandar. Sobran y los gestores no deberían hacer teatro con ello.

MI DINERO, EL DE MI FAMILIA Y EL DE MIS AMIGOS

Segundo. Es el gestor, sea o no propietario de la gestora, al único a quien el partícipe debe solicitar información concreta y sucinta del porcentaje (no cantidad) de su patrimonio que se encuentra invertido en los fondos de inversión de los cuales ambos son partícipes (y su proporción en cada fondo de ser varios). Esta petición debe extenderse a quienes, no siendo gestores, realicen otras funciones en la gestora ostentando además la calidad de propietario de la misma. Y también a los empleados relevantes de la gestora si parte de sus retribuciones consisten en participaciones en los fondos.

Tercero. Es el gestor, a través de la gestora, en la información que proporciona al público, quien debe informar al partícipe de su condición de co-partícipe y en qué medida respecto a su patrimonio lo es, aportando prueba documental de algún tipo que lo verifique. No es problema del partícipe encontrar la solución legal a ello, sino de la SGIIC y del gestor.

Cuarto. Si el gestor realiza aportaciones periódicas también debe comunicarlo al resto de partícipes junto con el cuándo. Si desinvierte dinero habrá de hacer otro tanto. Aportando, por supuesto, prueba de algún tipo.

Quinto. Como declaración de principios fundacional de su gestora o de su labor como gestor de un fondo debería expresar por escrito su compromiso presente y futuro de mantener invertido en el fondo o fondos que gestione la mayor parte de su patrimonio. Corresponde a la SGIIC y al gestor encontrar la fórmula documental que, al menos, deje constancia de su intención de “jugarse la piel” con el partícipe, por ejemplo, a través de una declaración notarial. No tiene que hacerlo el partícipe. Que lo hagan ellos. Es su obligación al afirmar algo el demostrarlo de cualquier forma posible.

***

Hasta cierto punto es realmente extraño que aceptemos sin rechistar ni pedir prueba alguna al respecto la afirmación de los gestores de tener invertido casi todo su patrimonio en los vehículos de inversión que ellos gestionan. Sin embargo, son ellos mismos quienes una y otra vez, siempre que tienen ocasión y por escrito también, quienes afirman peripatéticamente que se lo juegan todo con el partícipe. Además, lo hacen sin parar, constantemente. Siempre que pueden. De hecho, en este asunto no hay manera de que se callen. Repiten hasta la saciedad el “skin in the game” y lo sumamente importante que es este incentivo. Que juntos ascenderán al cielo (o descenderán al infierno). Que van en el mismo barco. En cambio, ninguno (hasta donde alcanza nuestro conocimiento) ha hecho absolutamente nada por aportar prueba fehaciente de algún tipo al respecto de tal compromiso y comportamiento. Y si no lo han hecho es porque estiman que no tienen ninguna obligación (legal por supuesto que no) ética o moral de hacerlo y que su palabra debe ser más que suficiente.

El gestor da por hecho que con su afirmación basta y que nada más es necesario. Como si él contratara su hipoteca de viva voz con el banco y no a través de documentos, notario y firma. No considera asimismo que tenga que hacerlo. De considerarlo alguno ya lo habría hecho. No, el partícipe debe creerle… porque sí, porque él lo dice. Y ya está. Porque su honor y su palabra son sacrosantos, como si conociera personalmente a todos y cada uno de sus partícipes y fueran amigos de toda la vida. Porque sus familiares y amigos también son partícipes y se quiebra la voz al afirmarlo o tiembla el pulso al escribirlo. Porque sí, porque sí, porque sí. Pero sin demostrarlo jamás porque mi honor está por encima de todo y no tolero que nadie lo ponga en duda. Porque sí.

Pues no, no, no. Cuando el gestor invierte su propio patrimonio en el fondo o fondos que gestiona debe probarlo porque a partir de ese momento no sólo es gestor, esto es, el profesional de las finanzas que administrará todo el patrimonio del fondo seleccionando acciones ganadoras y descartando acciones perdedoras, sino porque desde ese mismo momento dejará de ser exclusivamente gestor y pasará a ser también partícipe. Si a esta condición unimos la de propietario de la gestora nos encontraremos con una suerte de santísima trinidad financiera: gestor, partícipe y empresario. Las implicaciones son enormes porque lo que individualmente puede considerarse como un incentivo virtuoso, puede adquirir en la interacción con otros incentivos el carácter de perverso.

No, tampoco en Morningstar ni su nuevo buscador aparece un filtro para seleccionar fondos de inversión según los gestores tengan o no invertido su patrimonio en ellos. ¿Cómo va a aparecer si nadie en realidad (salvo ellos) lo sabe?

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