LOS MEJORES INVERSORES DE LA HISTORIA (IV)

by in Cultura Financiera, Finanzas, Fondos de inversión, Principios de Inversión 28 abril 2021

LOS MEJORES INVERSORES DE LA HISTORIA (IV)

EL INSTRUMENTO Y LAS COSAS DE LOS DEMÁS

Retomando el hilo de nuestros posts menos leídos e impopulares acerca de los mejores inversores de la historia, cuya génesis ha sido el celebérrimo cuadro que Frederik Vanhaverbeke publicó en Excess Returns: A comparative study of the methods of the world’s greatest investors, hoy añadiremos un par de inconvenientes más de difícil solución. Cerraremos así una serie iniciada aquí y continuada aquí y aquí, que no ha tenido demasiados lectores a pesar de la, en ocasiones, obsesión que los inversores tienen en comparar rentabilidades de los gurús de turno, habitualmente para arrimar la ascua a la sardina de su estilo de inversión y concluir que “lo mío es lo mejor y lo tuyo es una patata.” A la gente le gusta tener razón y, todavía más, que haya alguien dispuesto a dársela por mucho que el tema sea en realidad muy complejo y no admita soluciones en blanco y negro. De hecho, este tema en concreto es, en gran parte, irresoluble. La vida es así y la naturaleza humana también. ¡Qué le vamos a hacer!

LOS MEJORES INVERSORES DE LA HISTORIA (IV)

  1. ¿Y EL INSTRUMENTO BRO? LA VENTAJA DE BUFFETT.

Uno de los problemas de la comparación de las rentabilidades entre inversores es que se realiza en base a la persona, ignorando el instrumento depositario de esa rentabilidad. Es decir, ¿es lo mismo la performance obtenida dirigiendo un fondo de inversión que la obtenida a través de un hedge fund o un CTA?

Sin ir más lejos, y a pesar de que son infinitas las comparaciones de rentabilidad entre Buffett y cualquier otro inversor (como esta que nosotros mismos hicimos aquí), lo cierto es que cabe preguntarse qué sentido tiene comparar, por ejemplo, la performance del Magellan Fund de Peter Lynch con la de Berkshire Hathaway de Buffett. En un caso se trata de un fondo de inversión. En el otro de una empresa cotizada en bolsa de tipo conglomerado. En el primer supuesto existen limitaciones legales importantes respecto a la diversificación y peso relativo de cada posición en la cartera. En el otro no. Queremos decir con ello que no es igual invertir dirigiendo un fondo de inversión, instrumento sometido a una regulación draconiana, que hacerlo a través de una entidad como BRK. Lynch tiene las manos atadas para muchas cosas. Buffett no. Puede comprar lo que quiera y ponderarlo como le apetezca y no tiene más obligación que cumplir los requerimientos legales de información de la SEC. Y, desde luego, nada tiene que temer del comportamiento del partícipe, un factor de bastante importancia en determinados momentos para un gestor institucional pero que a Buffett le importa un pepino porque es él quien manda en BRK y la opinión de los accionistas y lo que hagan o dejen de hacer en base a ella le trae literalmente al pairo.

El cuadro ignora por completo este aspecto. Omite una aclaración como, por ejemplo, “Paramés al frente de Bestinfond” o “Lynch al frente de Magellan.” Como si los inversores del cuadro operaran en el vacío. Y no es en absoluto una cuestión menor. Simplemente no es lo mismo gestionar un CTA que un hedge o un fondo o un conglomerado. No es lo mismo lo que uno puede hacer en un caso o en otro. La ventaja de Buffett, en el sentido de tener una capacidad de maniobra y una libertad absoluta, no tiene nada que ver con el resto de inversores institucionales. Una comparativa entre dos fondos de inversión, hoy al alcance de todo el mundo con webs como la de Morningstar, sí tendría, en cambio, más sentido. Lo mismo para CTAs o hedges.

Esto nos lleva al segundo punto.

  1. LO QUE HAGO PARA MÍ Y LO QUE HAGO PARA LOS DEMÁS.

Al terminar 1990 un juez federal en Manhattan, Mr. Milton Pollack, aprobó un acuerdo entre un tal Richard Dennis, un trader de commodities, y un grupo de inversores que alegaban haber sido engañados por aquel, de tal forma que habían perdido más de la mitad de su dinero, invertido en el Preferred Futures Fund, liquidado y cerrado en 1988 debido a las fuertes pérdidas sufridas. El “grupo” de inversores sumaba ni más ni menos que 6.000 “cabezas.” Un número no pequeño. No hablamos de 6 ni de 60 ni de siquiera 600 inversores. Una legión, vaya. El término “grupo” se queda pequeño. Dennis tuvo que pagarles 2.5 millones de dólares y la mitad de todos los beneficios que su sociedad, Dennis & Company, obtuviera en los siguientes tres años. La única parte positiva de este acuerdo para el “pobre” Dennis fue que la sentencia no reconocía que hubiera existido una mala praxis por su parte. Algo es algo.

¿Y quién era Richard Dennis? Pues ni más ni menos que un especulador de commodities que hizo carrera en el mercado de Chicago. Pero no uno cualquiera. Dennis era el mejor de todos. Seguidor de tendencias, demostró una maestría enorme operando a favor de la ola y durante casi 20 años obtuvo unas rentabilidades anuales del ¡120%! Se entiende que no compuestas, pues impuestos y gastos personales debieron erosionar el monto final, aunque Dennis logró amasar una fortuna de unos 200 millones. El caso es que estos resultados eran “suyos.” Es decir, él especulaba para sí mismo. Empezó con muy poco dinero, 1.600$ que le prestó su familia, y de ahí ascendió a la gloria. Toda una proeza. Una aguja en el pajar.

Pero es que, además, Dennis es justamente célebre por ser el padre del “experimento de las tortugas.” Dennis creía que era posible instruir a un no iniciado en bolsa en una metodología de tipo técnico exitosa que le permitiera obtener buenos beneficios en los mercados. De su propio bolsillo se propuso enseñar su arte a varios aprendices, conocidos después como tortugas. Y su experimento tuvo éxito. Sus tortugas obtuvieron grandes beneficios y, posteriormente, algunas de ellas establecieron sus propias sociedades de inversión, logrando también éxito. Pero esa ya es otra historia, como diría el narrador de Conan. De una de ellas, Liz Cheval hablamos precisamente aquí.

El caso es que la historia de Dennis debería recordarnos un par de cosas importantes respecto al mundo de la inversión que parece que a todos nos pasan desapercibidas. La primera de ellas es que no es lo mismo invertir para uno mismo que para los demás. Como las RRSS están plagadas de inversores que afirman haber obtenido rentabilidades extraordinarias, este punto debería poner a cualquiera en alerta. Para empezar porque esas rentabilidades deberían estar auditadas. Y para continuar porque, aún auditadas (que lo serán en el caso de una ínfima minoría), puede que no sirvan de mucho. Porque, efectivamente, invertir para uno mismo no es lo mismo que hacerlo para otros. Ni material ni psicológicamente operan los mismos factores. Puede que sea el mismo deporte, pero seguro que no son las mismas reglas. Por tanto, tenga cuidado con las historias de éxito publicitadas en las RRSS que marcan el paso de un inversor individual exitoso al terreno de juego de la inversión institucional. Porque, claro, eso no garantiza per se absolutamente nada.

La historia de Dennis nos recuerda, en segundo lugar, que no en pocas ocasiones enseñamos mejor aquello que más necesitamos aprender. Mientras Dennis perdía hasta la camisa (de sus inversores) entre 1987-1988, su grupo de tortugas, que operaba en esas mismas fechas, obtuvo resultados extraordinarios. Es más, mientras que Dennis, el maestro seguidor de tendencias, fracasó estrepitosamente a la hora de dar el paso de inversor particular a institucional, algunos de sus discípulos, concluido su training, fundaron sociedades de inversión que lograron buenas rentabilidades para sus clientes. Lo cual indica que “el maestro” puede ser superado por “el discípulo” y, cómo no, que rentabilidades pasadas (personales) no garantizan en absoluto rentabilidades futuras (institucionales).

Quizá sus inversores-demandantes no entendieron bien lo que Dennis hacía. O bien, él se explicó mal. O ambas cosas. O no estaba en su mejor momento (su padre, al que estaba muy unido, había fallecido recientemente). O eligió un mal acompañante en su aventura institucional, Drexel Burnham Lambert Inc., capitaneado por el infame y encarcelado mago de los bonos basura Michael Milken, algo que un profesional como él tendría que haber evitado. No porque no te puedan engañar (recordemos que a casi todo el value patrio le robó la cartera Pescanova hace unos años) sino porque es tu obligación cuando gestionas dinero ajeno extremar las precauciones respecto a las “compañías” que frecuentas. Tuvo suerte Dennis de que no existieran por entonces las RRSS. Imaginemos este caso con Twitter y echémonos a temblar.

De vez en cuando nos deleitamos viendo en youtube a algún mago del balón o del street basketball y nos preguntamos qué hace este tío en la calle y por qué no está jugando en la NBA o donde sea. Quizá se trate de una injusticia, es lo primero que solemos pensar. Pero normalmente siempre hay una buena razón para que el artista callejero no haya salido de la calle. Una cosa es caminar un kilómetro dándole patadas a una pelota sin que esta toque el suelo y otra bien diferente jugar con otros 10 tipos contra 11 más y ganar no ya el partido sino la liga. Se puede ganar mucho dinero en ambas cosas. Dennis, el malabarista del balón, lo hizo. Pero fracasó al intentar dar el paso a la NBA. Recuérdelo cuando le vendan en Twitter que tras 10 años (o menos) obteniendo rentabilidades positivas para uno mismo el “uno mismo” ha decidido abrir un fondo de inversión o una SICAV aprovechando la popularidad que ofrecen las RRSS.

Lo que todo esto quiere decir es lo siguiente: que el cuadro de marras no diferencia los casos en los cuales las rentabilidades se refieren a un inversor que obtiene resultados para sí mismo que para otros. Y esto, al igual que otros factores como el tamaño de los activos bajo gestión, no es en absoluto un aspecto trivial por mucho que nos empeñemos. Y también quiere decir que el caso de Dennis no está relacionado con su estilo de inversión (lo sentimos por los fundamentalistas) sino con la industria de la inversión en general. Es decir, el fiasco institucional de Dennis no es un problema del análisis técnico, sino de la industria y de todo lo que hay a su alrededor.

***

Aunque hay algunos aspectos menores que puntualizar en el cuadro de Vanhaverbeke, es probable que las principales y numerosas objeciones que se le pueden achacar ya se las hayamos hecho. Quedaría quizá realizar un epílogo con una serie de recomendaciones generales para todos aquellos inversores ávidos de realizar comparaciones de rentabilidad. Si conseguimos más de 10 lectores para este post, quizá lo redactemos.

@mellizonomics & @quietinvestment

 

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2 Comments
  1. Buenas Santiago y David. Agradeceros vuestra labor divulgativa en materia financiera. Cada post es una auténtica píldora de conocimiento. Es una lástima que tenga pocos lectores. Es más fácil leer ” 10 consejos para hacerte rico” pero así nunca aprenderás nada (ni te harás rico).

    • Quiet Investment 3 mayo 2021 at 08:38 Responder

      Hola Francisco, muchas gracias por su comentario. Es cierto, desgraciadamente los temas que proponemos no son de interés para la mayoría de la gente.
      Un saludo

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