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LOS AÑOS DE HIERRO DEL IBEX35: LA DÉCADA OMINOSA

Todo lo señalado en los episodios anteriores de esta larga saga acerca de la indexación al IBEX35 es de aplicación también a lo acontecido durante la última década 2008-2017 más uno (2018) en el turbulento mercado bursátil hispánico. Nada nuevo hay que no pueda husmearse en La Guerra Financiera Asimétrica o escucharse a gusto (o disgusto) vía Value School. Aun así, atendiendo a la flaqueza de la memoria inversora, reacia a remontarse atrás más allá de 10 años, examinaremos qué ha pasado entre 2008-2018 y, lo que es más importante, cómo sobrevivir a semejante desastre.

Comencemos por ver qué tal lo habría hecho una cantidad de dinero referenciada tanto al IBEX35 durante estos aciagos años:

Como vemos arriba el IBEX35 ha sido un completo y absoluto desastre rayano en la tragedia pues se deprecia nada más y nada menos que un -44%. La inflación media anual del período según el Banco Mundial ha sido moderada, sobre todo en los últimos 5-6 años, de “tan sólo” un 1.41%. El IBEX35 REAL, recogiendo esta inflación, todavía lo hace, lógicamente, peor y logra la “hazaña” de depreciarse un -54%:

Claro que con una rentabilidad media por dividendo entre 2008-2018 del 5.04% la mejor referencia, sobre todo en un índice tan de reparto como el IBEX35, es su versión con dividendos, el IBEX35 Total Return, que parece hacerlo mejor depreciándose “sólo” un -2.01%:

No obstante, contando con la inflación ni siquiera el IBEX35 TR ofrece un solo ejercicio en positivo y en realidad se deprecia un -19%:

Invirtiendo a través de un Fondo de Inversión indexado, que permite reinvertir casi todo el dividendo menos un 1%, y abonando en concepto de gastos generales del FI una comisión del 1.1% (muy en la línea del coste de los FI indexados españoles durante estos años) el resultado empeora:

En tal caso, los 10.000€ se convertirían en 8.605€ nominales y 7.137€ reales. Es decir, que en términos de poder adquisitivo la depreciación sería de casi un 29%. Efectivamente, una tragedia.

Es por estos casos sobre todo por lo que es recomendable la aportación periódica mejor que comprometer todos nuestros recursos de una sola vez pues el largo plazo puede ser, en efecto, muy, muy pero que muy largo antes de ver recuperado nuestro dinero.

De todas maneras, tan mala ha sido la performance del IBEX35 durante estos 11 años que incluso así los resultados son malos. Por ejemplo, invirtiendo 1.200€ anualmente, 100€ mensuales, obtendríamos lo siguiente:

Con una aportación final de 13.200€ conseguimos nominalmente 14.052€ salvando en apariencia los muebles. Efectivamente en apariencia porque en términos reales los 13.200€ invertidos equivalen a 13.094€, sufriendo una depreciación del -0.81%. No obstante, nótese que tras 2017 se habrían invertido 12.000€ y en términos reales se atesorarían 14.081€, una rentabilidad total acumulada por fin positiva de un meritorio 17%. Por enésima vez le recordamos al lector que el principio básico de la desinversión indexada no es otro que no vender después de un año bajista.

Si actualizamos a la inflación nuestra cuota de 1.200€ anuales terminaremos invirtiendo 14.406€ en lugar de 13.200€ y obteniendo el resultado siguiente:

De nuevo en términos nominales se logran ganancias, al sumar 15.314€, pero no en términos reales, donde se atesoran 14.298€ lo cual supone una depreciación real de -0.75%. Otra vez, si la desinversión se produce en 2017 obtenemos beneficios pues aportando 13.031€ logramos 15.311€ reales, lo que equivale a una rentabilidad total acumulada del 17%. No vender tras los años de vacas flacas es lo mejor que se puede hacer tanto en términos de gestión activa como pasiva. A veces la diferencia entre éxito y fracaso financiero depende de que pase o no un año más. Téngase bien presente por la cuenta que le puede llegar a traer. Cuenta negativa queremos decir.

Ha llegado el momento de preguntarse qué tal lo haría una aportación creciente aprovechando este mercado bajista tal y como mostramos en otros episodios de esta saga a través del promedio del coste monetario progresivo. En tal caso las cosas mejoran porque al fin y al cabo se compra más. Y también más barato. Ya se sabe, a menor precio mayor rentabilidad.

En caso de utilizar aportaciones crecientes no deflacionadas pasaría lo siguiente:

Ahora invertiríamos 22.800€ y obtendríamos nominalmente 25.925€ equivalentes a 24.237€ reales, un 6.3% de rentabilidad real. Desinvirtiendo en 2017 aportamos 21.600€ y conseguimos 27.086€, un 25% de rentabilidad real. Nótese que, en 2009, 2011-2013 y 2016 se incrementan paulatinamente las cuotas en función del número de años bajistas que se sufran. Tras un año alcista jamás hay pérdidas. Incluso en este entorno.

Si actualizamos las cuotas a la inflación se aportan 24.915€ y se consigue lo siguiente:

En términos nominales se logran 28.298€ y en términos reales 26.493€, otra vez un 6.33%. Desinvirtiendo en 2017 se aportan 23.541€ y se obtienen 29.545€, de nuevo un 25% de rentabilidad real.

La fortaleza de la indexación es muy elevada en el largo y, sobre todo, muy largo plazo. No obstante, es el procedimiento de aportaciones periódicas tanto lineales como progresivas lo que nos garantiza el éxito sobre todo en las circunstancias más adversas. Este procedimiento sencillo, que no fácil, puede realizarse mecánicamente, en piloto automático, y es altamente probable que conserve no sólo la integridad del capital invertido, sino que además proporcione cierta rentabilidad en términos reales por muy pírrica que parezca. Casa, además, muy bien con el factor tiempo pues cuanto más largo es el plazo (véase el caso de los años 2000-2018) mayores son las probabilidades de éxito.

Que sirva este IBEX35 como ejemplo de las virtudes de la inversión pasiva sin que eso signifique que el inversor no deba poner más huevos en otros índices “más de fiar” como el SP500 o el MSCI World.

Esperamos que esta pequeña lección de historia y praxis financiera para inversores de todos los tipos de memoria, incluida la memoria millennial de poco recorrido, le haya sido de utilidad. Que usted lo “largoplacee” bien.

Santiago Casal

2 Comments

  • Fran

    19 de abril de 2019 12:28
    Responder

    Buenas. Este artículo es muy similar a lo que exponéis en vuestro libro. Sin embargo no me queda muy claro cuando habláis de desinvertir en 2017. Os referís a que no se incrementa la cuota porque no ha habido pérdidas en el índice? Gracias por vuestro artículo compañeros.

    • David Núñez

      20 de abril de 2019 11:54
      Responder

      Hola y gracias,

      No, nos referimos a que en el hipotético supuesto de que el inversor hubiera desinvertido su fondo al terminar el año 2017 sus resultados serían bastante aceptables. Lo que queremos ejemplificar es que en el supuesto en el cual el inversor necesite su dinero le conviene siempre desinvertirlo al menos tras un año alcista.

      Saludos
      QI

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