Por usted mismo, por todas las personas a las que ama y son importantes en su vida…

by in Cultura Financiera 26 mayo 2017

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve me parecía a mí que estaba metido entre las estrecheces de la hambre porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos, que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede la obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!”

 

Con estas palabras, el inmortal caballero andante Don Quijote de la Mancha explicaba a su buen escudero, Sancho Panza, por qué la libertad era el bien más preciado de los hombres. Sin embargo, ya hace mucho tiempo que no se oyen los ecos ni el retumbar de aquel término, libertad, ni en nuestro país ni en otros comparables de nuestro entorno. Se habla de justicia, de igualdad, de reparto equitativo de la riqueza, de democracia, de muchos y variados derechos y de un largo etcétera de vocablos, algunos pura “neolengua”, mediante los cuales un grupo reducido de personas pretenden convencernos acerca de la perentoria necesidad de confiar nuestra vida y las de nuestros seres más queridos en sus sabias e incorruptas manos. Ellos conocen lo que nos conviene y nosotros nada sabemos al respecto. Ellos eligen y reparten, nosotros obedecemos. Poco importa que vivan a nuestra costa y que, también a nuestras expensas, utilicen los mecanismos coactivos del Estado para confiscar la mitad de los frutos de nuestro trabajo con, en apariencia, el noble fin de ayudar a los más desvalidos y desamparados.

A su manera, esta minoría privilegiada y sus amigos han suplantado maliciosamente al noble e idealista Don Quijote, arrogándose el falaz rol de caballero andante encargado de protegernos de una larga retahíla de enemigos imaginarios e impersonales así como, en última instancia, de nosotros mismos. No obstante, aquella minoría poco tiene de “caballero andante” y sí mucho de “caballero cobrante.” No contentos con esta villanía, también se arrogan el patrimonio del sentido común, representado por el buen Sancho Panza, al tiempo que tratan de persuadirnos de las bondades de sus propuestas y la nobleza, hoy llamada solidaridad, de sus acciones cuando lo cierto es que nada desprecian más que el sentido común de las personas corrientes, que son aquellas a quienes dicen representar y defender.

La dramática cuestión para usted consiste en dilucidar cómo quiere vivir e, incluso más importante, cómo preferiría que vivieran aquellas personas que son importantes en su vida, en especial su familia más próxima. ¿Les desea la esclavitud, hoy encarnada por la dependencia de las decisiones de terceras personas cuyos fines no coinciden con los suyos, o por el contrario, anhela para ellos el mayor bienestar y seguridad posible? ¿Quiere que sus hijos sufran las mismas injusticias y arbitrariedades a las cuales ha estado usted expuesto durante los últimos años o desea para sus descendientes un mundo más libre donde puedan realizar pacíficamente sus proyectos individuales de vida? ¿Prefiere permanecer subsidiado y sumiso a los intereses de otros o convertirse en un hombre libre responsable de sí mismo y de su futuro?

“¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede la obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!”. Cambie en esta impresionante loa a la libertad la palabra “cielo” por “usted mismo y la cooperación voluntaria con otros” y no nos cabrá la más mínima duda de que cómo prefiere vivir. “…por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.” No hay persona, independientemente de su raza, sexo, religión o creencias, donde no aniden la libertad y el honor, entendido como el concepto que uno tiene de sí mismo y por el cual espera que los demás le reconozcan. Nadie existe, además, que no considere que “el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.” Es verdad que las cadenas de la esclavitud no son ahora las mismas que hace cientos de años, cuando Miguel de Cervantes escribió su célebre obra. Ha cambiado la forma de aquellas ataduras, cierto es, y así el “cautiverio” al que hoy se enfrentan los hombres, en circunstancias muy diferentes y, afortunadamente, mejores que las de sus antepasados, poseen una forma diferente pero no por ello menos asfixiante.

¿Acaso no son las hipotecas eternas hasta incluso más allá de la muerte las nuevas cadenas de tantos españoles y otros ciudadanos del mundo? ¿No es una gran cárcel en la que sufrir cautiverio un lugar donde el trabajo, el esfuerzo y la iniciativa son exprimidos sin piedad por élites de burócratas y lobbies que medran a su costa? ¿No es entonces una prisión un sitio en el cual tantos padres y madres sufren en silencio viendo a sus hijos crecer sin oportunidades y bajo la amenaza de vivir peor que la generación precedente por primera vez en muchos años de historia? ¿Acaso no es esclavitud la sensación de impotencia de familias enteras esquilmadas en beneficio de otros que afirman defender sus intereses?

Todo podría resumirse en una sola pregunta: ¿de verdad quiere usted vivir con miedo y ver cómo sus personas más queridas también viven atemorizadas? Porque en eso consiste la esclavitud hoy en día. En el temor al futuro. Ser esclavo es vivir con miedo y ver cómo tus seres queridos también viven con miedo. Contra ese temor caben pocas opciones. Una de ellas es esperar mansamente a que los demás, exprimidos por unos nuevos señores feudales que ni siquiera hablan su mismo idioma, pues se expresan en “politiqués”, resuelvan sus problemas y colmen sus necesidades aún a sabiendas que eso significa apoyar a quienes pretenden que unos vivan a costa de los demás. El propio sentimiento de autoestima de las personas opera en contra de esta horripilante perspectiva y, de ahí, que apelemos a la segunda opción, que es luchar por sí mismo y por los suyos como una persona libre e independiente que coopera con los demás en la búsqueda de su propia felicidad y fines de manera pacífica.

Por eso le animamos a ahorrar e invertir. Porque estamos completamente convencidos de la natural predisposición del ser humano hacia la libertad e independencia personal y financiera. Porque creemos firmemente que nadie, decente, quiere en verdad ser un esclavo ni vivir a costa de los demás engañándose a sí mismo. Porque estimamos como cierto que, como seres humanos, nos mueven los ideales y la búsqueda del mayor bienestar, seguridad y libertad posible para nosotros mismos y las personas a quienes amamos y forman parte de nuestra vida.

Podríamos escribir miles de páginas señalando una miríada de razones por las cuales una persona debe ahorrar e invertir. Podríamos ofrecer cuadros de rentabilidades comparativas entre diferentes tipos de activos. Podríamos sugerir cantidades y porcentajes a disponer como medio de ahorro e inversión. Podríamos hacer todas esas cosas y muchas más a la manera convencional en la cual expresan y exponen en tantos lugares. Pero esto es Quiet Investment y eso significa que hay un por qué último más allá que el de ganarnos la vida honradamente en base a nuestro trabajo. Nosotros ni nadie hace lo que hace sólo por motivos materiales. A todos nos guían ideales. A todos nos mueven aspiraciones últimas de carácter altruista y elevado. A todos nos conmueve el sufrimiento ajeno y, por supuesto, el propio.

Más allá del cálculo económico y financiero se encuentra el por qué último de lo que hacemos. Quiet Investment no aspira a suplantar a Don Quijote como “desfacedor de entuertos.” No somos héroes ni pretendemos serlo. No carecemos de sana ambición pero procuramos no caer en la arrogancia. Pero sí tenemos muy claro por qué hacemos lo que hacemos. Sí, le recomendamos fervorosamente que ahorre e invierta pero no para enriquecerse materialmente, que también, sino para hacerlo espiritualmente porque las cosas más importantes de su vida no podrá adquirirlas mediante un intercambio monetario sino a través de un “intercambio humano.”

No está usted ni nadie condenado de antemano por el destino a fracasar en la búsqueda de su felicidad y la de los suyos. Pero sí lo estará si no lucha y pelea para conseguirlo. Tiene la opción de combatir para poder vivir sin miedo y que los suyos también vivan sin miedo. Tiene la opción de pelear por sí mismo en defensa de su libertad. Tiene la opción de alcanzar el mayor grado de independencia posible respecto de todos aquellos que quieren que tanto usted como los suyos vivan permanentemente subsidiados y dependientes.

Ese es el verdadero por qué del ahorro e inversión. Porque la independencia financiera le ayudará a incrementar su libertad individual y la de su familia y seres queridos. Porque a través de la libertad y la  responsabilidad que ésta conlleva es cómo podrá vivir de pié y obtener la seguridad y bienestar que los suyos necesitan. Porque su vida y la libertad y seguridad material de su familia no son menos importantes que las de los demás.

Por usted mismo, por todas las personas a las que ama y son importantes en su vida, por las causas que comparte con otros y considera nobles. Por eso debe ahorrar e invertir. Porque hoy, igual que hace cuatrocientos años, igual que siempre ha sido, “la libertad… es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida…”

Su libertad son los suyos. ¿No daría la vida por ellos?

 

One Comment
  1. Francisco Javier Jiménez Sáenz 27 enero 2020 at 16:41 Responder

    Deseo que me envíen más información sobre el fondo que promocionan , gracias .

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