LA VOLATILIDAD ES EL RIESGO MÁS IMPORTANTE AL QUE SE ENFRENTAN LOS INVERSORES

by in Cultura Financiera, Finanzas, Principios de Inversión 17 diciembre 2020

La volatilidad es el riesgo más importante al que se enfrentan los inversores

Según Ken Fisher y Lara Hoffmans, en su excelente y didáctico, aunque no exento de polémica, El pequeño libro de los mitos del mercado, la volatilidad no es el riesgo más importante al que se enfrentan los inversores y, de hecho, se trata de otro mito más del mercado, muy extendido, por otra parte, entre la comunidad inversora. Veamos cuál es el punto de vista de ambos autores.

Su tesis principal es la siguiente:

Para muchos inversores riesgo y volatilidad son lo mismo. La volatilidad es un riesgo fundamental que los inversores deben tener en cuenta, aunque es importante durante cuánto tiempo uno tiene en cuenta la volatilidad. En todo caso, es el riesgo que la mayoría de las veces y durante períodos más breves, los inversores notan con especial intensidad. Los inversores en bolsa lidian con la volatilidad porque a largo plazo deberían ser recompensados por aquella más que con otro tipo de activos menos volátiles.

Pero la volatilidad no es el único riesgo al que se exponen. No existe ninguna definición técnica, aceptada universalmente, de lo que significa “seguro.” Los bonos, por ejemplo, no están exentos de riesgo pues pueden ser impagados o el emisor de deuda puede demorarse en los pagos o incluso quebrar. El riesgo de impago de los bonos del Tesoro de los EEUU es excepcionalmente bajo, tanto que con frecuencia se afirma que tienen una tasa de interés “libre de riesgo.”

Subestimación del riesgo por la tasa de interés

Lo anterior no es exactamente cierto porque existe asimismo el riesgo de tipos de interés, que afecta al retorno de los bonos. En entornos en los que los tipos de interés caen, los inversores pueden tener dificultades para renovar fondos procedentes del vencimiento de los bonos en otros bonos con un rendimiento similar. En tal caso tendrían que aceptar bonos con un perfil más arriesgado o plazos más largos.

Además, los tipos de interés son más bajos, o incluso negativos, que nunca. Las tasas han disminuido, con volatilidad casi todo el tiempo, a un punto tan bajo como no se había visto en generaciones. Y que las tasas sean bajas no implica que deban subir en breve.

Con todo, en algún momento del futuro, los tipos volverán a subir, pero no es posible determinar cuándo ni a qué velocidad. Si el mercado cree que la inflación subirá significativamente, es probable que los tipos de interés a largo plazo también aumenten. En tal caso los tenedores de bonos verán caer su valor y deberán esperar a su vencimiento para no soportar pérdidas en el principal. Si sus bonos tienen de plazo 10 años el riesgo es elevado y aún más si el plazo es mayor. Si hay que vender antes del vencimiento una ligera variación de los tipos de interés puede repercutir negativamente en el retorno. Así que cuanto más suban los tipos de interés peor será el rendimiento total.

El riesgo de la cartera de inversión y el riesgo de los alimentos

Existe el riesgo de inflación, el riesgo político, el riesgo cambiario, el riesgo de liquidez… La volatilidad no es, por tanto, el único riesgo al que se enfrentan los inversores. Con frecuencia la forma en que las personas piensan sobre la comida y la inversión son similares.

En lo que respecta a la comida, la gente quiere muchas cosas al mismo tiempo: calidad, buen aspecto, sabor… Y éstas cambian con rapidez.  En un determinado momento, lo que quieren y creen o temen no estar recibiendo es lo que consideran una amenaza pues no piensan en aquello que sí están recibiendo.

Por tanto, al invertir, aquello que las personas consideran un riesgo suele ser lo que los inversores no están recibiendo en un determinado momento independientemente de si están alcanzando sus otros objetivos.

El coste de oportunidad

Es el riesgo de emprender medidas o de no adoptarlas que hace que se obtengan menores resultados de los que se podrían haber obtenido de haber hecho lo contrario. Se trata de un riesgo extremadamente perjudicial porque su efecto pernicioso no es evidente durante algún tiempo.

Con un horizonte temporal de inversión a largo plazo asignar más recursos a la renta fija, por considerar la volatilidad a corto plazo el mayor riesgo, provocará que no se alcancen los objetivos de rentabilidad a largo plazo que sí permitirían alcanzar las acciones, mucho más volátiles a corto plazo. Cuando el daño se materialice en una menor rentabilidad que aquella que en principio necesitábamos para alcanzar aquellos objetivos habremos perdido dos o incluso tres décadas y ya no podremos compensarlo, sobre todo si necesitamos la liquidez de la cartera de inversión.

Para la mayoría de los inversores el coste de oportunidad tiende a aflorar como una preocupación generalizada después de una temporada con un mercado alcista y suele coincidir con un optimismo extremo o incluso euforia. Pero, por lo general, los inversores se fijan más en la volatilidad y menos o nada en el coste de oportunidad. Tendemos a estar mentalmente programados para temer las pérdidas más de lo que disfrutamos de la posibilidad de obtener ganancias. Y, por lo general, los inversores tienden a desconfiar de los mercados alcista mientras estos escalan. Aun así, también tienden a ser optimistas cuando deberían ser pesimistas y viceversa.

La volatilidad es un riesgo clave, pero no es el único. Para los inversores con un horizonte temporal largo, el hecho de no aceptar suficiente volatilidad, riesgo de oportunidad, puede ser a largo plazo devastador.

***

Por tanto, la volatilidad sí puede ser un riesgo, dependiendo de las particulares circunstancias y objetivos de cada inversor, pero no necesariamente el riesgo más importante al que se enfrenten ni, mucho menos, el único. Las alternativas de inversión, como la cartera permanente de Harry Browne y similares, o los fondos de inversión que persiguen obtener rendimientos positivos en cualquier entorno de mercado, se están popularizando rápidamente al hilo de la aversión que sienten muchos inversores a la volatilidad. Es una preocupación legítima y es evidente que, si existen alternativas menos volátiles de inversión que ofrezcan, por ejemplo, una rentabilidad media similar o parecida a la que proporciona la renta variable global indexada a las acciones, no hay razón para asumir lo peor de las acciones (volatilidad extrema a corto plazo bajo la promesa de una mayor rentabilidad a largo plazo) si, por el contrario, podemos aspirar a una rentabilidad similar con menos volatilidad.

El problema, por supuesto, radica en la capacidad de aunar lo mejor de ambos mundos, baja volatilidad y rentabilidad consistente similar o incluso mejor a la indexada en acciones, dejando atrás los tremendos problemas, tanto psicológicos como prácticos, que la alta volatilidad a corto plazo generada por las acciones provocan en el inversor. Cabe preguntarse, sin embargo, que, si entendemos esta alta volatilidad a corto plazo como el “precio” que hemos de abonar por una rentabilidad mayor a largo plazo, pero podemos obtener esta última sin los inconvenientes de la primera, cuál es entonces el “precio” a pagar y cuál es, por tanto, el riesgo a asumir. Una pregunta, que como al lector no se le escapará, no resulta fácil de responder porque de alguna manera intuye que en el mercado, que vive del futuro, ni nada es gratis ni nada está exento de incertidumbre.

@mellizonomics & @quietinvestment

* En la sección Tools se puede acceder a un resumen del libro de referencia en el cual se basa el contenido de este post.

 

 

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