¿LA VENGANZA DEL VALUE INVESTING?

by in Finanzas, Opinión y Actualidad, Principios de Inversión 5 noviembre 2020

¿LA VENGANZA DEL VALUE INVESTING?

En 1982 T. Peters y R. H. Waterman publicaron “En busca de la excelencia”, descrito como “el mejor libro empresarial de todos los tiempos” y donde describían las características de lo que podía entenderse como empresa de calidad o una “buena empresa.” Pero una fina y desconfiada analista llamada Michelle Clayman no se tragó la historia y descubrió que las acciones de empresas excelentes de Peters y Waterman en realidad obtenían peores resultados bursátiles que las empresas mediocres y, de hecho, con el tiempo (no mucho) tales empresas dejaban de ser “excelentes.”

Todo era debido a un fenómeno engorroso y muy malo de gestionar llamado reversión a la media. Sin embargo, un re-test posterior de la propia Michelle Clayman vino a demostrar justamente lo contrario: que realmente las empresas excelentes obtenían una mejor performance bursátil. Algo a lo cual Clayman opuso excusas “inusuales.” Como, por ejemplo, que su período de análisis (5 años) había sido especialmente malo para el value y bueno para el growth. ¿”Trampas al solitario”?

Como no hay dos sin tres, la cuestión se aclaró en 2013 cuando Barry B. Bannister comprobó las empresas excelentes de Peters y Waterman y las mediocres de Clayman de junio de 1972 a junio de 2013 en un artículo titulado ni más ni menos que “In Search of Un-Excellence. An Endorsement of Value-style Investing.” Bannister descubrió que las carteras de acciones mediocres retornaron un 13.74% de media durante todo el período, en comparación con el 9.77% de las carteras excelentes, que no solo rindieron menos que las mediocres, sino que también rindieron menos que el mercado, que retornó un 10.59% anual.

Bannister descubrió que las carteras mediocres rindieron más que las excelentes en la mayoría de los años (67%) del experimento de cuatro décadas. La ventaja de las carteras mediocres persistió incluso después de ajustar la volatilidad. Es más, aunque podríamos presumir que las carteras de acciones excelentes proporcionan características “defensivas”, solo mejoraron el rendimiento de las carteras mediocres en 11 de 22, o en el 50% de los períodos de “dificultades económicas.”  En cambio, las carteras mediocres mejoraron el rendimiento en 15 de 17 (o el 88%) de los períodos que no tuvieron dificultades económicas globales.

Bannister escribió que el mejor rendimiento regular de las carteras mediocres respecto al SP500 y las carteras excelentes era “fácilmente defendible”:

“En teoría, la alta rentabilidad invita a nuevos actores que disminuyen los beneficios, mientras que la baja rentabilidad provoca que los competidores se vayan, al mismo tiempo que, potencialmente, puede cambiar la directiva de una empresa o favorecer una adquisición por un competidor o un comprador financiero… Los analistas de inversiones deben sopesar si la excelencia en los parámetros financieros se descuenta del precio de las acciones con un potencial riesgo negativo. Concluimos que lo que es “excelente” para los directores, en la mayoría de las ocasiones, no lo es para los inversores.”

Bannister llegó a la conclusión de que los retornos excepcionales a largo plazo sobre las acciones provenían de carteras mediocres “con bajos parámetros financieros pasados siempre y cuando estuvieran respaldados por un proceso de inversión en valor disciplinado.” En resumen, que las acciones mejoraban el rendimiento a medida que los negocios de las empresas mediocres revertían a la media.

Parece, pues, que finalmente el value o deep value se ha llevado la palma. Pero no es realmente así y se hace necesario puntualizar que:

  1. El período analizado es muy extenso, 1972-2013, pero no completo pues faltan los últimos 6 años, caracterizados por la preeminencia del growth y la “calidad.” Además, habría que valorar los resultados en márgenes temporales más reducidos, como por ejemplo décadas.
  2. Lo que se entiende por “empresa excelente” es lo definido por Peters y Watermann en su célebre bestseller. Y también, a sensu contrario, lo que se entiende por “empresa mediocre.” Es decir, las conclusiones de Bannister son válidas si nos atenemos al concepto de excelencia de Peters y Watermann, lo que excluye otras perspectivas.

La conclusión podría ser que la balanza se inclina hacia el factor precio y no hacia el factor calidad, pero tal conclusión está sujeta a revisión, si bien todo apunta a una mejor performance a largo plazo del value sobre el growth, con períodos más o menos largos de prevalencia del glamour. O eso parecía.

@mellizonomics & @quietinvestment

Fuente: “Deep Value”, Tobias E. Carlisle

* “Revisiting in Search of Excellence”, disponible para descarga en Tools

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