LA GUERRA, LA PESTE Y TUS ACCIONES

by in Cultura Financiera, Finanzas, Opinión y Actualidad 24 marzo 2022

LA GUERRA, LA PESTE Y TUS ACCIONES

Quizá el inversor ya no lo recuerde porque los acontecimientos geopolíticos se aceleran y no dan tregua. No acabamos de lidiar con un “marrón” y de repente aparece otro “marrón” más grande. Pero lo cierto es que cuando surgió el Covid y los mercados entraron en barrena florecieron como setas gráficos y cuadros como el que podemos ver abajo:

LA GUERRA, LA PESTE Y TUS ACCIONES

Es decir, comparativas de situaciones “similares” acaecidas en el pasado reciente (y no tan reciente) y la posterior evolución de los mercados. La narrativa que subyace tras estos cuadros y gráficas es la siguiente: lo que ocurre ahora ya ha ocurrido antes y, a pesar de todo, las bolsas se han recuperado de manera vigorosa, no sólo volviendo a los niveles prepandemia sino superándolos con creces. Ergo, el inversor que opera a largo plazo nada debe temer porque el progreso de la Humanidad plasmado en la marcha de sus empresas cotizadas es “resiliente”, “antifrágil” (sustituya el lector ambos términos por otros más pedantes si es capaz de encontrarlos) y, por tanto, cualquier penalidad que afecte a la Humanidad será pasajera y no afectará a largo plazo a sus inversiones. Con un par. Ahí es nada.

LA GUERRA, LA PESTE Y TUS ACCIONES

Ahora que la guerra nos acucia hemos vuelto a ver el mismo relato, cómo no, acompañado de sus correspondientes gráficos y cuadros de cuánto bajan las bolsas y cuánto tiempo tardan en recuperarse. La conclusión siempre es la misma: no pasa nada, tranquilo todo el mundo, el inversor a largo plazo no debe palidecer ni asustarse ante estos eventos. Todo es un susto y los mercados no tardarán en recuperarse y reiniciar su imparable senda alcista. Relax. Claro, porque las bombas caen en Kiev y no en Madrid. La bolsa alemana te protegió de la hiperinflación de los años 20, pero en 1945 no tenías ni para pipas.

LA GUERRA, LA PESTE Y TUS ACCIONES

Todo lo anterior nos recuerda al famoso gráfico de Jeremy Siegel, “el gráfico de los cuñados que invierten en bolsa y no paran de dar la turra con el largo plazo y con que las acciones son el mejor activo de todos.” Una brasa importante, soporífera y, además, falaz.

Realmente son innumerables las críticas y puntualizaciones que podemos hacer a este tipo de narrativas de la “bolsa todoterreno.” Para empezar, todo se plasma desde el punto de vista norteamericano y de lo que ha hecho el SP500. Habría que preguntar a los accionistas de empresas rusas de 1917, cuando los bolcheviques arrasaron con todo, qué ha sido de sus “compounders.”

Aunque tu cuñado bursátil lo ignore, la mayor parte de los seres humanos del planeta Tierra no usan el dólar, sino sus monedas locales. Habría que ver, de nuevo, qué tal le ha ido al inversor en yuanes o liras turcas. Tu cuñado también lo desconoce, pero la democratización de los mercados financieros es un hecho muy reciente y el triunfo de la indexación todavía más. Cabe preguntarse mejor si lo que ha pasado antes frente a las circunstancias adversas XXX, cuando tenían acciones cuatro gatos, sirve o no de guía al inversor actual, que puede ser cualquier matado. Pero es preferible extrapolar la evolución bursátil del SP500 tras la crisis del Yom Kippur que reflexionar sobre ello.

Por si fuera poco, si tomamos el ejemplo de las guerras, no parece que a nadie se le haya pasado por la cabeza que es importante… ganarlas. Queremos decir, que si tu país está en ruinas y has perdido la guerra y ahora toca reconstruirlo desde cero, incluido su mercado de valores, qué ha pasado con “lo tuyo” y tu largo plazo. En el supuesto de que conserves la vida, claro, porque de la misma manera en la cual se afirma que las acciones son el mejor activo “real” también hay que concluir que seguir vivo es todavía un activo “más real.”

Además, porque aún no hemos terminado, falta añadir que estas explicaciones son “monocausales.” Es decir, por ejemplo, tomando un caso de convulsión geopolítica, como el ataque a las Torres Gemelas de 2001, ¿es que no había previa y simultáneamente otros factores que influían en la marcha de los mercados? ¿Es que no los hay ahora, en plena guerra de Ucrania, que inciden e influyen en la marcha de las bolsas? ¿Por qué enfocamos el tema de la evolución bursátil extrayendo conclusiones de lo que hará en el futuro en base a un único factor, desde el punto de vista de un único país, en su propia divisa?

“Ahora estamos mucho mejor preparados para afrontar los efectos de una pandemia que en 1918, cuando la Gripe Española.” ¿Y esta perogrullada nos dice cuáles serán los efectos de esa nueva pandemia a pesar de estar viviendo en el “mejor momento de nuestra historia”? ¿Nos dice también qué otros factores operan al mismo tiempo en la marcha de los mercados y cómo influyen e interaccionan entre sí?

“La guerra terminará tarde o temprano y todo volverá a su cauce alcista.” ¿Todo tipo de guerra? ¿No importa dónde? ¿Es que no hay otros elementos previos y yuxtapuestos a este evento que inciden en la marcha de las bolsas internacionales? Es que ni siquiera tiene por qué ser la guerra o la pandemia LA CAUSA PRINCIPAL de una hipotética debacle bursátil. Podría ser mera coincidencia. Nada más.

Para terminar, diríamos que en estas narrativas subyace una arrogancia extrema del tipo “los accidentes de tráfico mortales son una desgracia pero que les pasan a otras personas, no a mí.” Y la consecuencia más directa para el inversor, cautivo de esta narrativa, no es otra que la inactividad, que bien puede ser provechosa y recomendable en la situación X pero que no tiene por qué serlo en la situación Y, por mucho que en ambas situaciones medie una guerra o una pandemia o cualquier otra desgracia.

O sea, si vis pacem, para bellum. Suerte a todos.

@mellizonomics & @quietinvestment

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