La “cOHLrrupfilia” del inversor o cuidado con los problemas

by in Cultura Financiera 22 abril 2017

Se desarrolla de nuevo en España (o “enestepaís”, según prefiera el lector) un nuevo y escabroso episodio de corrupción político-mediático-judicial que ya solo sorprende por su inusitado cainismo y su despliegue de caspa. Al margen de lo que decidan finalmente los jueces, nos gustaría invitar al lector-inversor a que realice una profunda reflexión en la parte que a él sí le atañe, que no es otra que la presunta implicación de algunas conocidas empresas de nuestro mercado en tejemanejes varios. Tal ha sido y es el caso de OHL e Indra.

Decimos esto porque grandes inversores han obtenido beneficios más que remarcables comprando compañías envueltas en líos y penalizadas, por tanto, en su cotización. Estas situaciones ejercen de imán en el codicioso espíritu del impaciente comprador de acciones porque otros han tenido éxito en el pasado adquiriendo títulos de sociedades en problemas. La tentación de imitar tales éxitos es enorme pero pocas veces se tiene en cuenta que el recuerdo afecta al triunfo y no a los fracasos, que caen en el olvido con tanta facilidad como los tesoreros de algunos partidos en Chirona. También se obvia que los éxitos tuvieron lugar en relación a entidades cuyos problemas eran de tipo coyuntural. A su vez se soslaya que en aquellos casos existía una calidad subyacente elevada en los activos afectados por la escandalera. Tampoco habría que negar que, tratándose de un tropezón circunstancial que afectaba a una empresa de calidad, la reacción al mismo había sido exagerada por parte de la temerosa y ovejuna masa inversora.

Mientras prosigue el desfile judicial de sacamantecas y tuercebotas varios, desde Quiet Investment nos parece importante resaltar que algunos de estos personajes sin escrúpulos no provienen del comedero político sino del empresarial. Habitualmente las compañías salpicadas por tanto detrito se caracterizan por una alta dependencia de la ubre gubernamental a la hora de ganar dinero. Así, mientras que la soberanía del consumidor genera incentivos virtuosos, el “consumidor soberano” (el abrevadero político) termina pariendo a toda esta horda, que sin saber hacer una O con un canuto, le cuestan un riñón y medio al sufrido contribuyente.

Nos parece interesante que el inversor  comprenda que existe una cierta correlación (que no causalidad) entre empresas que tienen el pésimo hábito de tergiversar sus datos contables y propensión a asociarse con toda esta patulea política made in Spain que no vale ni para fregar un retrete. De hecho, cabe preguntarse incluso acerca de las probabilidades que tienen unos gestores o propietarios-gestores que hacen photoshop con la contabilidad de sus negocios de terminar compartiendo las acogedoras duchas carceleras con concejales de urbanismo y otros especímenes varios vomitados por la vida en la arena política.

Por si les interesa, (nosotros creemos que debería interesarles) esto es lo que decíamos en 2015 sobre

Tal es así que vamos a ofrecer de manera muy breve en las próximas entregas de este hilo un par de ejemplos que no son otros que los nombrados al inicio de este post, OHL e Indra. Mientras tanto, tápese la nariz ante la bazofia político-empresarial española y no se apresure a comprar acciones que bien pueden valer tan poco ahora como si caen un 99% más. Es decir, evite los problemas.

 

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