¿INVERTIR A LARGO PLAZO DESPUÉS DE LA JUBILACIÓN?

by in Cultura Financiera, Finanzas, Opinión y Actualidad 6 junio 2021

¿INVERTIR A LARGO PLAZO DESPUÉS DE LA JUBILACIÓN?

Con una esperanza de vida que traspasa los 83 años, España es, afortunadamente, uno de los países donde las personas son más longevas, sólo superado por Suiza y Japón:

¿INVERTIR A LARGO PLAZO DESPUÉS DE LA JUBILACIÓN?

Además, la evolución de la esperanza de vida ha sido ascendente desde hace muchos años, circunstancia que tal vez no se ha tenido demasiado en cuenta a la hora de valorar desde las instancias políticas la viabilidad de nuestro sistema público de pensiones:

¿INVERTIR A LARGO PLAZO DESPUÉS DE LA JUBILACIÓN?

Por si lo anterior fuera poco, lo cierto es que las probabilidades de superar esta media de 83 años (más de 86 años para las mujeres y casi 81 para los hombres) se incrementan para quienes alcanzan la edad de 65 años. En tal caso, las mujeres vivirían hasta más de los 88 años y los hombres casi hasta los 85:

¿INVERTIR A LARGO PLAZO DESPUÉS DE LA JUBILACIÓN?

Es decir, que para aquellos inversores que alcancen los 65 años y se jubilen a esa edad aún restaría “una vida útil inversora” de más de 20 años. Incluso para los que se retiren más tarde, como a los 67-70 años, todavía les quedaría un mínimo de 15 años más para invertir. Se trata de un período potencial de tiempo sustancial.

Para hacernos una idea, entre 2000-2020 median 21 años. ¿Es capaz de vislumbrar todo lo que ha sucedido en estas dos últimas décadas sin vértigo? Pues todo eso es lo que puede pasar desde que cumpla los 65 hasta que fallezca. Que no es poco. El mundo de 2020 ya no tiene tanto que ver con el del año 2000. El muro de Berlín ya lleva más tiempo derribado del que duró en pie. Entre ambas fechas, 2000 y 2020, median en términos bursátiles el estallido de dos burbujas mastodónticas y la recuperación posterior. En algunas cosas, como internet, las diferencias son abismales.

¿INVERTIR A LARGO PLAZO DESPUÉS DE LA JUBILACIÓN?

Aunque es difícil de prever, podría afirmarse que existe la probabilidad de que tanto la esperanza de vida de hombres y mujeres se incremente aún más en los próximos años al calor de los avances médicos y la calidad de vida. La perspectiva de vivir 20 o más años jubilado encierra entonces, a nuestro modo de ver, dos consecuencias de gran importancia para el inversor.

La primera de ellas es que habrá de prever de antemano la cantidad de ahorro y la rentabilidad anual que debe obtener durante los años que preceden a su jubilación para asegurar una cantidad suficiente que cubra lo que él estima que le hará falta para compensar su pensión pública sin menoscabo de su nivel de vida y de los proyectos que pensaba realizar en su retiro. No es un problema baladí. Si el inversor alcanza los 65 en buen estado de salud o sobre la media la estadística señala que vivirá más de 20 años y que esta cifra es susceptible de aumentar todavía más al calor de los avances científicos. Se trata, pues, de un número de años considerable así que es posible e incluso probable que muchos inversores deban revisar al alza las cantidades que actualmente están ahorrando y las tasas de rentabilidad que precisan para conseguir sus objetivos financieros a largo plazo.

La segunda consecuencia no es otra que la derivada de los principios de la inversión a largo plazo. Quiere esto decir que alcanzados los 65 años no es ningún dislate que el inversor mantenga en una parte sustancial los principios de inversión a largo plazo que ha mantenido en el pasado previo a su retiro, ya que le restan teóricamente muchos años de vida. Por algún motivo parece que muchos opinan que llegada la edad de jubilación se produce una desinversión masiva y total de todo el patrimonio, se divide en cuotas anuales y se va gastando paulatinamente hasta que llega el momento de ingresar en el cementerio.

Obviamente, no tiene por qué ser así. Es lógico que el inversor que se jubila aspire a disfrutar de su jubilación. No obstante, en primer lugar, este concepto es absolutamente subjetivo. Muchas personas detestan a quienes no gastan su dinero pudiendo hacerlo, acusándoles de aspirar a ser “los más ricos del cementerio.” Se trata de una acusación arrogante que olvida que cada uno, con el dinero que legítimamente ha ahorrado y ganado, hace lo que le da la gana sin que medie obligación alguna de darle explicaciones a los demás. Esta cuñadez del “más rico del cementerio” en realidad proyecta en los demás lo que uno querría hacer con el dinero de los otros, de tenerlo, claro. Naturalmente, olvida que es tan legítimo como fin la acumulación de patrimonio y capital como legítimo es como medio para alcanzar otros fines. Aunque nosotros somos más de gastar, ni nos molesta ni vemos criticable lo primero.

Para quienes obtienen satisfacción de la acumulación de patrimonio bien per se, bien porque albergan la intención de legarlo a un hijo o nieto o una causa que le interese, pero también para quienes aspiran a gastar en lo que fuere lo ahorrado en el pasado, la perspectiva de vivir más de 20 años desde la fecha de su jubilación aconseja que no se dejen de lado los principios de la inversión a largo plazo. Obviamente, quien precise de parte de sus ahorros para complementar su pensión o realizar los planes que sean actuará de una manera diferente a quien no tenga previsto “tocar” su dinero. Por ejemplo, resultaría del todo lógico o razonable que se inclinara por opciones de inversión que tendieran a minimizar la volatilidad, como las alternativas de carteras permanentes. Pero ni por asomo esto tendría que significar que una parte de su patrimonio, la que decidiera no gastar y de la cual no le importara el problema de la volatilidad, la adjudicara sin ir más lejos a la compra de acciones, bien por su cuenta bien de manera institucional. Si prevé que aún le quedan muchos años por vivir no es descabellado que se vea a sí mismo preparado para soportar los embates bajistas del mercado y “esperar” el tiempo que sea necesario para obtener provecho de su inversión en acciones, de la cual es normal que espere más que del resto de inversiones realizadas en activos más conservadores.

Lo que queremos en definitiva decir es que el largo plazo no tiene por qué terminar a los 65 años o incluso más tarde, a los 67 o 70, cuando el inversor se jubile. Es probable que a la mayoría de inversores les espere todavía un período de 20 o más años antes de fallecer y, por tanto, es absurdo pensar que todo el patrimonio ahorrado en los años anteriores haya de ser desinvertido y que nada pueda a su vez invertirse “pensando en el largo plazo.” Debe existir un punto intermedio entre ser el “más rico del cementerio” y pasar entre estrecheces la última década de vida porque uno … no termina de morir.

¿Cómo enfocará usted sus inversiones al alcanzar la edad de jubilación? ¿Seguirá, en parte, invirtiendo a largo plazo? ¿O quiere vivir para siempre? Ahí lo dejamos.

@mellizonomics & @quietinvestment

 

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