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EL AHORRADOR, EL INFIERNO Y LA PACIENCIA

Menudo triunvirato: el desdichado inversor indexado al IBEX35, el infierno representado por el tan denostado benchmark ibérico y la virtud más reclamada por la incontinente audiencia largo-placista…y también la más ignorada. Sigamos con esta saga empezada aquí y puntualizada en sus atroces condiciones en este otro lugar.

Nos habíamos tomado un tiempo importante para establecer en unos márgenes amplios qué podíamos esperar de la inversión indexada a largo plazo, desde lo peor a lo mejor. Pero este último escenario no cubría un punto esencial del proceso inversor que no era otro que, efectivamente, “el proceso”, entendido como sucesión de actos en el tiempo. Nos referimos a que en el mundo real es más probable (y también sensato) que la inversión se periodifique en cuotas temporales puesto que lo natural es que el ahorro se detraiga de los ingresos periódicos, generalmente fruto de las rentas del trabajo, más que de grandes acumulaciones de capital en momentos concretos, como por ejemplo una herencia.

Esto nos conduce a preguntarnos qué tal habría ido una inversión indexada al IBEX35 desde su nacimiento en 1992 hasta su última pobre performance en 2018 en base a aportaciones periódicas. Así que vamos a perfilar varios escenarios en los cuales el esforzado ahorrador no dispone de 10.000€ iniciales para invertir, pero sí que está dispuesto a detraer mensualmente 100€, 1.200€ anuales, que invierte de una vez al comienzo de cada año. Nos referimos al promedio del coste monetario lineal y progresivo que ya teorizamos en La Guerra Financiera Asimétrica y que tuvimos además el privilegio de exponer en la Value School.

Usaremos el escenario de IBEX35 nominal y real ya visto con la salvedad de que en lugar del IPC usaremos los datos de inflación ofrecidos por el Banco Mundial por ser éstos ligeramente peores que los del IPC (en realidad se trata del IPC medio de cada año y no de su variación anual).

Recordemos brevemente los elementos del escenario hostil:

ESCENARIO HOSTIL:

1. CASO 1: CADA AÑO SE INVIERTEN 1.200€ SIN AJUSTARLOS A LA INFLACIÓN.

Se aportan en total 32.400€ y se obtienen nominalmente 51.624€, 34.846€ en términos reales. Aunque el año de inicio y fin son negativos recordamos al inversor que el principio general de la desinversión indexada es no realizarla tras un año bajista. Por eso, sugerimos también que se compare el resultado con el del año 2017.

En todo caso, aquí nominalmente se acumulan 51.624€ que en términos reales equivalen a 34.846€. Aunque Hacienda se llevara el 35% de los beneficios, 856€, aún conservaría el inversor 33.990€. Dicho de otra manera, incluso en un índice tan macabro como el IBEX35 y en condiciones tan adversas de inversión el objetivo principal de cualquier inversor, que es conservar el poder adquisitivo de su ahorro, se consigue. Además (y que nadie se ría) el inversor acumula una rentabilidad total de 4.91%.

2. CASO 2: CADA AÑO SE INVIERTEN 1.200€ AJUSTADOS A LA INFLACIÓN.

En este supuesto, al revalorizar la aportación, se termina invirtiendo (nominalmente) más dinero, 50.589€, aunque en realidad lo único que se hace es mantener el mismo esfuerzo ahorrador. En los años 2010 y 2015-2017 la cuota no varía y no refleja la deflación. De media se ahorran 1.874€ anuales o 156€ al mes.

En este caso se obtienen nominalmente 71.946€, 51.326€ en términos reales. Resultado pírrico pues el beneficio real asciende a 737€ los cuales, restado un 35%, se quedan en 479€. Vamos, una rentabilidad total acumulada del 0.95%, peor que en el CASO 1. No obstante, cabe señalar que de esta manera el inversor vuelve a conservar la integridad de su ahorro, que es de lo que, en definitiva, va este asunto.

ESCENARIO BENÉVOLO:

En este escenario el marco inversor es el siguiente:

1. CASO 1: CADA AÑO SE INVIERTEN 1.200€ SIN AJUSTARLOS A LA INFLACIÓN.

De nuevo se aportan 32.400€ y se consiguen 72.607€ en términos nominales, 48.324 en términos reales. Existen 15.924€ de beneficios reales que tras un recorte del 23% se quedan en 12.261€, lo cual supone una rentabilidad total acumulada del 38%.

Por tanto, el inversor conserva su ahorro y acumula ciertas ganancias a pesar de haber cometido la torpeza de desinvertir tras un año bajista como 2018. En términos reales tiene 44.661€. Como puede observar el lector la diferencia con el CASO 1 del entorno hostil es considerable.

2. CASO 2: CADA AÑO SE INVIERTEN 1.200€ AJUSTADOS A LA INFLACIÓN.

En este supuesto se invierte nominalmente más dinero, 50.483€. No obstante, esta cifra es menor que la del CASO 2 hostil, 50.589€, porque se tiene en cuenta a favor del inversor la deflación de los años 2009 y 2014-2016.

Ahora se acumulan 98.111€ nominales, 68.762€ reales. Existe un beneficio real de 18.279€ a los que debe restarse un 23%, quedándose la cosa en 14.075€. Al final eso supone una rentabilidad total acumulada del 28%, menor que en el CASO 1.

OBSERVACIONES

  1. No desinvertir jamás después de un año bajista. Esto es aplicable tanto en el supuesto de la indexación como en el de la gestión pasiva. La inversión va de aguante, de resistencia. Si has esperado 27 años puedes esperar 28, 29 o 30.
  2. No invertir en un solo índice. Cierto, no se deben poner los huevos en una sola cesta. En la del IBEX35 caben casi tres docenas, pero es necesario otra u otras que nos protejan de una mala performance particular.
  3. Invierte siempre, contra viento y marea, porque el largo plazo es amigo de este procedimiento incluso en los entornos más hostiles. En renta variable el tiempo es el único juez y su veredicto sólo absuelve a quien se acomoda a sus normas.
  4. Actualiza tu ahorro a la inflación porque de lo contario caerás en el autoengaño de que siempre ahorras lo mismo. No es verdad. Ahorras menos porque la inflación no perdona a nadie.

Ahora falta saber qué ocurriría en el caso de un inversor más audaz dispuesto a invertir mayores cantidades de dinero en los períodos bajistas. Es lo que denominamos promedio del coste monetario progresivo. Lo veremos en el siguiente episodio de esta saga poco apta para amigos del dinero fácil y sueños de enriquecimiento bursátil rápido.

Santiago Casal

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