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¿HA LLEGADO EL FIN DE LA INFLACIÓN?

El primer objetivo de la inversión consiste en preservar la integridad del capital invertido. Por eso, desde hace muchos años el enemigo número uno de tan loable objetivo no era otro que la inflación. La asignación del ahorro a la adquisición de activos reales, tales como inmuebles, materias primas y acciones, perseguía evitar por todos los medios que la manipulación de la moneda perpetrada por los bancos centrales destruyera el esfuerzo de los ciudadanos que intentaban afanosamente conservar su riqueza.

Sin embargo, parece que actualmente el otrora archienemigo mortal del ahorrador/inversor está de capa caída y el temor que antes inspiraba en la ciudadanía preocupada por rentabilizar sus excedentes de liquidez no provoca hoy sino risa y jolgorio. Es probable que lo sucedido durante la última década haya causado esta percepción.

Prestemos atención al siguiente cuadro:

Arriba puede ver reflejada la media de la tasa anual de inflación experimentada por España, la zona Euro, la OCDE, USA y el mundo según los datos suministrados por el Banco Mundial. En el caso de España, además, se adjunta el IPC.

Así, por ejemplo, en los últimos 10 años la inflación media soportada por España ha sido del 1.548% anual según el IPC y del 1.458% si seguimos al Banco Mundial. La de la zona Euro lo fue del 1.61% y la de la UE del 1.726% mientras que en la OCDE ascendió al 1.761%, en USA al 1.767% y en el mundo al 3.846%.

Si a continuación observamos la media del resto de períodos, desde los 9 años que median entre 2008-2016 hasta el binomio 2015-2016, no se constata sino la paulatina dilución de la tan temida inflación. Por mucho que períodos de tiempo no demasiado largos o representativos no revistan gran utilidad lo cierto es que el ciclo 2007-2016 constituye un intervalo que es lo suficientemente extenso y, además, revestido de alta carga cualitativa al abarcar la cima del anterior ciclo expansivo y las calamidades de la Gran Recesión. Tampoco carece de valor el último lustro, puede que el tiempo mínimo que debamos tomar como referencia.

Esta anómala situación plantea enormes y trascendentales dilemas al ahorrador/inversor. Por un lado sabe que (ciñéndonos al ámbito de la zona euro) el objetivo indisimulado y explícito del BCE consiste en provocar una tasa de inflación de aproximadamente el 2%, pero no más. El propósito último de esta perpetración monetaria no es otro que diluir la abultada deuda de los respectivos gobiernos de la zona euro, que han gastado a espuertas y que siguen haciéndolo. Si se alcanza ese objetivo de inflación pero el bono español paga un interés a 10 años de 1.39% (a fecha de 25 de agosto) lo cierto es que la financiación de la deuda nacional no tiene coste. De hecho, con una inflación del 2% al gobierno en realidad el coste de endeudarse le sale negativo.

Sin embargo, pese a los esfuerzos del BCE el objetivo de generar una moderada tasa de inflación del 2% no se ha cumplido y nadie es capaz de prever si se cumplirá en el futuro. Esta incertidumbre no contribuye a solventar la problemática general a la que se enfrenta el ahorrador/inversor en estos momentos. Si asume, por ejemplo, la muerte de la inflación bien puede optar por activos de renta fija a largo plazo que abonen un cupón bajo pues habrá preservado con tan poco la integridad del capital.

La pregunta de fondo que realmente subyace en este incómodo dilema no es otra que la siguiente: ¿está realmente muerta la inflación o tan sólo está fingiendo? No es baladí la respuesta a este angustioso interrogante porque de ella dependerá que en el futuro el inversor obtenga cierta rentabilidad por su ahorro o bien ninguna.

 

Santiago Casal

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