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APUNTES A LA GFA (3)

Decíamos en nuestra exposición en la Value School que la estrategia de fondo del inversor adscrito a los principios de “La Guerra Financiera Asimétrica” no era otra que la indexación o gestión pasiva a un índice amplio, grande, líquido y con tendencia a la eficiencia a largo plazo. Era lo que llamábamos el AK47 del pequeño inversor/ahorrador, en honor al eficiente y polivalente rifle de asalto diseñado por el célebre ingeniero ruso Mikhail Kalashnikov. Posteriormente señalábamos que la táctica adecuada para implementar dicha estrategia no era otra que el promedio del coste monetario o DCA, el “dollar cost averaging.”

En materia financiera, y en particular en este mundillo de la inversión, conviene plantear escenarios poco favorables para el sufrido inversor pues es notoria la persistente inclinación de la naturaleza humana a denigrar miserablemente al perdedor y ensalzar cobardemente al ganador. Este patrón de conducta resulta preocupantemente habitual en el competitivo y mediático entorno de la industria de los fondos de inversión, lugar donde todos hablan de invertir a largo plazo mientras tuitean que su fondo ha sido el más rentable en el primer trimestre del presente ejercicio. En un negocio donde no hay más juez que el tiempo sorprende (o no) la continua retahíla de clasificaciones de rentabilidad que ni siquiera abarcan un triste año. Todo alentado, vitoreado, azuzado y cizañado por las redes sociales y los medios de comunicación financieros que de alguna manera deben ofrecer algún tipo de contenido. El que sea.

De ahí que en nuestro manual sobre la GFA y su presentación en la VS optamos por situar al inversor en un escenario tremendamente hostil en el cual operar con éxito pues es sabido que durante los ciclos alcistas todo el mundo se cree Warren Buffett al hilo de los guarismos en verde y los ránquines de rigor. Por tal motivo, nosotros sosteníamos que tanto una estrategia de inversión como su táctica de implantación deberían ser testadas en las peores circunstancias. Por eso elegimos el IBEX35 de los últimos 18 años, 2000-2017, pues pocos escenarios nos parecen tan hostiles como este.

Tal escenario altamente hostil lo construimos de la siguiente manera:

Entre los ejercicios 2000-2017 el IBEX35 ha ofrecido nada más ni nada menos que 9 años en rojo, el 50% de 18. En tal caso 10€ invertidos en el año 2000 se hubieran deteriorado hasta quedarse en 8.63€ en 2017. Por el contrario, el IBEX35 Total Return, donde se reinvierten los dividendos presenta 7 años en rojo y 10€ se habrían revalorizado hasta convertirse en 17.86€. Da esto una idea de la fuerza y el poder del interés compuesto así como de la naturaleza de reparto del IBEX35, lugar donde se distribuyen cuantiosos dividendos, a veces alegremente en medio del jolgorio general y el aplauso y vítores de populacho y expertos.

Ojalá fuera así de sencillo. La triste realidad es que no es posible reinvertir la totalidad de los dividendos porque el fisco es un comensal insaciable. Por tal motivo, planteamos la ficción según la cual Hacienda se quedaba con el 25% de los dividendos de tal manera que sólo podíamos reinvertir el 75% de los mismos. Tal tasa impositiva es más alta que la histórica y la actual pero la usamos como ejemplo perfecto de tipo confiscatorio porque parece prudente en términos fiscales apostar por la confiscación más que por el incentivo al ahorro. En tales circunstancias el IBEX35 TR se transformaba en el IBEX35 Net Return, con dividendos netos de retenciones tributarias, y los 10€ del año 2000 evolucionaban así:

Pues aun así, soportando circunstancias tributarias más exigentes que las reales, aquellos 10€ de 2000 se transformaban en 14.94€ en 2017. No obstante, tal halagüeño resultado no lo es tanto porque, obviamente, operar en los mercados conlleva un coste. Por eso decidimos restar, además, una comisión del 1% al IBEX35 NR en concepto de gastos de intermediación de un supuesto fondo índice que replicara al IBEX35. Un 1% de gastos generales para un producto indexado nos parece elevado pues un instrumento de gestión pasiva no debería conllevar más de un 0.50% de coste para el inversor. Ahora, deducida esa comisión alta de la rentabilidad del IBEX35 NR, obtendríamos el IBEX35 Nominal y la evolución de nuestros 10€ del 2000 no es otra que la siguiente:

Aún ahora, con altos impuestos y comisiones abusivas, el inversor no pierde dinero y sus 10€ se transforman en 12.46€ dando fe, entonces, la gestión pasiva y la indexación del enorme poder de la bolsa como herramienta donde conservar la integridad del capital invertido. Claro que al final esto tampoco es así. Lamentablemente a los recaudadores de impuestos y a los comisionistas se les une en cruel rapiña la sempiterna inflación. Por tanto, a este IBEX35 Nominal procedimos también a restarle a esta auto-invitada indeseable conforme a las métricas anuales ofrecidas por el Banco Mundial. Así obtenemos el IBEX35 Real que nos da una idea del poder de compra de 10€ invertidos en 2000 cuando se cierra el ejercicio 2017:

Después de vencer a los tributos y a las comisiones la verdad es que al tercer golpe, el de la inflación, la resistencia de los 10€ fenece trágicamente para quedarse en 8€ aunque en apariencia sean 12.46€. Nótese que entre 2000-2017 hay 4 años deflacionarios que hemos tratado, no obstante, como ejercicios sin inflación, esto es, no hemos revalorizado el IBEX35 Real ni en 2009 ni en 2014-2016. Tal es nuestra sana obsesión por colocar al inversor en las peores circunstancias.

Quiere todo lo anterior decir que el nefasto período 2000-2017 en un índice como el IBEX35, reflejo de una economía en problemas como la española, hubiera resultado pernicioso para la sana conservación del poder adquisitivo de cualquier cantidad invertida en el año 2000. Ni siquiera un período tan prolongado de tiempo como son 18 años habría salvado el capital del inversor. Sin embargo, este resultado aparentemente devastador no lo es tanto pues, como bien decimos en la GFA, toda estrategia conlleva su correspondiente táctica y es precisamente ahí donde el inversor podrá superar con éxito el brutal escenario anterior de alta imposición, elevados costes de transacción y traicionera inflación.

Como pronto tendremos ocasión de ver de mano del promedio del coste monetario, el RPG7 del inversor.

Puede leer más sobre este tema aquí.

 

QI

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