¿ES LA INVERSIÓN UN ARTE?

by in Cultura Financiera, Finanzas, Opinión y Actualidad 4 agosto 2021

¿ES LA INVERSIÓN UN ARTE?

Dado que tanto a título personal como profesional resulta tan difícil batir la rentabilidad media ofrecida por un índice representativo de acciones, tipo SP500 o MSCI World o ACWI, se suele afirmar que la inversión es un arte. Esta narrativa está fuertemente arraigada en muchos inversores, presumimos que mayoritariamente value o fundamentales. Sin ir más lejos, el conocido gestor de True Value, Alejandro Estebaranz, ha llamado a su célebre canal de youtube Arte de invertir y acostumbra iniciar sus vídeos didácticos con un amigable y risueño “Hola, artistas de la inversión.”

¿ES LA INVERSIÓN UN ARTE?

Puede que gran parte de la culpa de este relato provenga de Benjamin Graham, quien afirma en El inversor inteligente cosas tales como que “Tradicionalmente ha imperado la opinión de que el arte de la inversión de éxito radica en primer lugar en la elección de los sectores que tienen más probabilidades de crecer en el futuro, y en la identificación de las empresas más prometedoras dentro de esos sectores.” O también que “se supone que el arte de la inversión hábil radica especialmente en la selección de aquellos valores que vayan a dar mejores resultados que el mercado en general.” No obstante, ni en la primera ni en la segunda cita la intención de Graham es definir “el arte de invertir” de tal manera.

¿ES LA INVERSIÓN UN ARTE?

También en su otra obra magna, Security Analysis, Graham hace mención a la inversión como arte, aunque de manera negativa, excluyente, y referida al ámbito de los bonos, si bien esta perspectiva ha sido extendida por sus numerosos seguidores al de las acciones. Así, señala que “puesto que la prioridad debe ser evitar las pérdidas, la selección de bonos es principalmente un arte negativo. Se trata de un proceso de exclusión y rechazo, más que de búsqueda y aceptación.”

Probablemente resulte un tanto pretencioso equiparar la inversión a un arte de tipo abstracto, como la pintura o la escultura, la literatura, la música o el cine. De hecho, no toda obra cinematográfica o musical, por ejemplo, es arte, entendido este como algo sublime, de calidad, que trasciende el paso del tiempo. Claro que por “arte” también podemos entender “la capacidad o habilidad para hacer algo; maña o astucia.” Un artista sería entonces una “persona dotada de la capacidad o habilidad necesarias para alguna de las bellas artes; persona que hace algo con suma perfección.”

¿ES LA INVERSIÓN UN ARTE?

Cabe preguntarse si el inversor indexado que obtiene de media mejores resultados que el inversor activo es también un artista. O si el término se reserva sólo a quienes logran obtener resultados superiores a la media. El arte, como creación, estaría acotado entonces a unos pocos elegidos bendecidos por las musas, a una selecta minoría.

Pero lo cierto es que todo arte se compone de inspiración, de mucha práctica y otro tanto de disciplina. En tal sentido quizás la inversión, más que un arte, sea una técnica, una disciplina. Al fin y al cabo, a invertir, de la forma que sea, tanto técnica como macro o fundamental, se aprende. Y se aprende a su vez tanto de manera teórica como práctica, de la mano de la experiencia que acompaña al paso del tiempo. Que ese aprendizaje dé sus frutos es otra historia, evidentemente.

No es un debate baladí. Si la inversión es un arte y precisa de un artista, el mensaje que recibe el inversor retail que quiere hacer las cosas por sí mismo es más bien duro: da igual la tonelada de libros que leas y cursos que realices. Si no tienes el “don” no conseguirás nada más allá de la media. Lo mejor que puedes hacer es indexarte. Sin embargo, el conocido experimento de las tortugas, por ejemplo, demostró que efectivamente era posible entrenar a una persona para operar en los mercados en base a determinadas técnicas y reglas obteniendo resultados por encima de la media. A una de estas “tortugas”, Elizabeth Cheval, le dedicamos precisamente este post.

Todo arte debe aprenderse, pero no todo el que aprende un arte se convierte en un artista. Por otro lado, en el arte subyace un gran componente subjetivo: para unos la obra X es una obra maestra y para otros, en cambio, un pastiche. No debería existir este componente tan subjetivo en términos de inversión habida cuenta que podemos señalar un baremo cuantitativo. Así, el inversor que supere a largo plazo la rentabilidad media ofrecida por el mercado general de acciones, medido por un benchmark representativo, sería considerado un artista y bien podría presumir de ello recalcando hacia los demás que la inversión es, efectivamente, un arte.

No obstante, la inversión cuantitativa o matemática, tipo la fórmula mágica o lo que ha hecho por ejemplo Jim Simons, ¿es arte o es pura técnica? No es una pregunta sencilla de responder. Aunque no poseemos estudio empírico alguno al respecto, sí tenemos la impresión que es desde el análisis fundamental o desde del value investing, en el concepto que cada cual tenga del mismo, desde donde más se incide en la consideración de la inversión como arte. Puede que no de manera inocente.

El problema puede, incluso, ser irresoluble puesto que falta añadir el asunto conductual, algo que el propio Graham apuntó de manera muy sagaz en El inversor inteligente, al señalar que “Hemos visto ganar y conservar mucho más dinero a “personas comunes” que estaban temperamentalmente bien dotadas para el proceso de inversión que a otras personas que carecían de esta buena predisposición anímica, aunque tuviesen un gran conocimiento de las finanzas, la contabilidad y la historia del mercado de valores.” Una afirmación, por cierto, aplicable a todo tipo de inversores, no sólo value.

Sea como fuere, el inversor debe aprender y formarse. Experimentar en los mercados y adquirir experiencia. Si eso le convierte en artista o no puede ser irrelevante. Las florituras no tienen por qué ser necesarias. Recordemos que se puede ganar batalla tras batalla hasta la derrota final. En todo caso, tan solo aconsejamos que no se deje desanimar por quienes le apunten de manera desdeñosa y pretenciosa que la inversión es un arte. Que lo sea o no queda un poco fuera de nuestro alcance determinarlo. Ahorro, esfuerzo y trabajo duru, como dice Bastos, puede que cundan más que etiquetas ostentosas.

Hasta el próximo post, artistas de la inversión.

@mellizonomics & @quietinvestment

 

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