¿ES EL DINERO INDEXADO DINERO TONTO?

by in Cultura Financiera, Finanzas, Opinión y Actualidad, Principios de Inversión 4 enero 2021

¿ES EL DINERO INDEXADO DINERO TONTO?

La indexación o gestión pasiva, sean correctas o no ambas denominaciones, ha triunfado a lo largo y ancho del mundo, sobre todo desde la hecatombe de la Gran Recesión. En España, nunca a la vanguardia financiera, la indexación también parece haberse puesto de moda y, qué duda cabe, existen buenas razones para ello, que se resumen en dos:

  1. Sus resultados a largo plazo son mejores que los de la gestión activa.
  2. Su coste es menor.

Esta estrategia ha funcionado tan bien que incluso muchos de los inversores activos más reputados la han defendido. Sin ir más lejos, Warren Buffett, quien sostiene que “un fondo indexado de bajo coste es la inversión en renta variable más sensata para la gran mayoría de los inversores.” Evidentemente, Buffett no se incluye en “la gran mayoría de los inversores.” Ahí te incluye a ti (y a nosotros), algo que a muchos molesta porque no se soporta en el mundo financiero el “haz lo que yo digo no lo que yo hago.”

Es más, continúa Buffett, “al invertir periódicamente en un fondo indexado, el inversor que no sabe nada puede superar perfectamente a la mayoría de los profesionales de las inversiones. Paradójicamente, cuando el dinero “tonto” admite sus limitaciones, deja de ser tonto. Esos fondos indexados de muy bajo coste favorecen al inversor por definición y son la mejor selección para la mayoría de los que desean invertir en acciones.” Llama la atención que Buffett reconozca que el dinero “tonto” (es decir, el tuyo y el nuestro) deja paradójicamente de ser tonto, no porque efectivamente no continúe siendo tonto sino porque a un coste mayor el dinero gestionado activamente es más tonto todavía. Buffett, ejemplo financiero de “citofilia” y adoración sin límites, puede sacarte de tus casillas con la misma facilidad con la que se fumaba “colillas” net net en los años 50 y 60, pulverizando a los índices.

Y aún vuelve a la carga el venerable Warren insistiendo en que “la mayoría de los inversores, tanto institucionales como individuales, encontrarán que la mejor manera de invertir en acciones es a través de un fondo indexado que cargue honorarios mínimos. Los que siguen este camino es seguro que batirán los resultados netos entregados por la gran mayoría de los profesionales de la inversión.” Nos preguntamos cómo de bien se toman el resto de inversores “institucionales” la recomendación del Oráculo de Omaha resumida en un “no lo flipéis más, panda de losers, que esto no es para vosotros (para mí sí). Sois dinero tonto, no lo empeoréis más y daos por satisfechos y agradecidos por la venida de John C. Bogle a este mar de lágrimas.” A Buffett, sus resultados le respaldan así que puede permitirse el lujo de sermonear a la mayoría de los inversores. Además, hay que reconocer que probablemente no le falta razón.

No obstante, la reciente popularización de la indexación en España y en el mundo, para bien de muchos inversores, no significa que no podamos hacernos algunas preguntas. Siempre debemos hacernos preguntas, sobre todo cuando en el mercado aparecen las palabras “moda” y “popularización.” Sin ir más lejos, ¿invertir en un fondo índice, que no discrimina entre buenas y malas empresas, caras o baratas, es invertir tontamente? ¿Y acaso invertir a lo tonto no es per se peligroso y arriesgado?

Los fundamentos estratégicos de la indexación son sencillos: consiste en comprar todas las acciones de un índice de mercado representativo tal y como están ponderadas en ese índice y luego mantenerlas pasivamente con el propósito de igualar el rendimiento agregado de todas las acciones del índice. Dado que el gestor de fondos activo medio ha obtenido una rentabilidad inferior a la del mercado (el índice) debido a que todos los inversores como grupo deben coincidir en rentabilidad con el mercado porque, a fin de cuentas, son propietarios colectivos de todo el mercado, esto es, ellos son el mercado, resulta inevitable que la indexación sea atractiva puesto que ofrece los beneficios adicionales de unos costes de transacción muy bajos (ya que casi no hay negociación) y honorarios de gestión ínfimos (ya que la tarea prácticamente no requiere pensamiento ni acción, es “dinero tonto”).

La creencia de que es imposible obtener una rentabilidad superior a la del mercado parece imponerse entre los inversores y los profesionales, que han abandonado el objetivo de superar al mercado y abrazado el más conformista de darse por satisfechos siguiendo su ritmo. La continua y pésima performance de la gestión activa ha sido la principal razón para adoptar una estrategia indexada. Al fin y al cabo, ¿por qué pagarle a alguien para que tenga un rendimiento inferior al del mercado cuando al menos es posible casi igualarlo y pagar por ello tarifas ínfimas?

Surge entonces otra pregunta: ¿es el triunfo de la indexación una consecuencia de la prevalencia de la hipótesis de los mercados eficientes? Muchos inversores institucionales y fondos de pensiones “creen” en esta hipótesis. Esta teoría sostiene que toda la información sobre las acciones se difunde y se refleja plenamente en sus precios de forma instantánea. Por tanto, es inútil intentar superar al mercado. El corolario lógico de esta hipótesis es que seleccionar acciones investigando su contabilidad y su negocio subyacente constituye una pérdida de tiempo. No tiene sentido el esfuerzo de investigar las acciones si esta tarea no agrega valor o si probablemente disminuye, incluso, sus eventuales retornos.

No obstante, el padre práctico de la gestión pasiva, John C. Bogle, sostiene como principal factor que explica la mejor performance de la indexación sus menores costes, al margen de que un mercado sea o no eficiente o, mejor dicho, “tienda” a la eficiencia. Al captar al mínimo coste la rentabilidad media del mercado, que es el conjunto de toda la rentabilidad obtenida por sus partícipes menos los costes de transacción, la indexación se asegura un resultado mejor que la gestión activa, puesto que esta, lógicamente, no puede batirse a sí misma. En todo caso, que el mercado sea eficiente o tienda a la eficiencia hace todavía más difícil la labor del gestor activo, que no sólo tiene que luchar contra sus propios costes sino también contra la ausencia de oportunidades de inversión lo suficientemente rentables.

En definitiva, nos preguntamos si es el dinero indexado un “dinero tonto” que funciona por sus bajos costes y por la influencia de la tendencia a la eficiencia del mercado a largo plazo o la creencia por parte de la masa inversora, institucional y particular, en esta teoría (ojo, que son dos cosas diferentes). La pregunta puede que no tenga una respuesta unívoca pero lo cierto es que resulta innegable el triunfo y popularización de la indexación. Siendo esto así, volvemos de nuevo a la pregunta que inicia este post porque la inversión en general no deja de ser una actividad en la que la mayoría de la gente obtiene rentabilidades más bajas que el promedio, y donde un grupo más pequeño de inversores, supuestamente astutos, obtiene grandes rentabilidades con el tiempo. Pero si esto es así, ¿seguir una estrategia popular, como la indexación, no se convierte en una tontería?

Ahí lo dejamos, aunque le daremos más vueltas a este apasionante asunto.

@mellizonomics & @quietinvestment

* En la elaboración de este post hemos usado, entre otros, material procedente de este artículo

https://www.brokenleginvesting.com/seth-klarman-investment-advice-index-funds-dangerous/

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