¿ES BUENO QUE LOS GESTORES ACTIVOS SEAN TAMBIÉN ACTIVOS EN LAS REDES SOCIALES?

by in Cultura Financiera, Finanzas, Opinión y Actualidad 25 octubre 2020

¿Es bueno que los gestores activos sean también activos en las redes sociales? No hace tanto tiempo la opinión de cualquiera era, además, una opinión cualquiera. Se hacía preciso escribir una carta al director del periódico para que se tuviera en cuenta o, más bien, para que alguien ajeno al círculo del opinador la tuviera en cuenta. Entonces llegaron las redes sociales, prácticamente ayer, y cada uno de nosotros tomó consciencia no ya de “tener un culo”, algo que ya sabíamos antes, sino de, correlativamente al trasero, “tener una opinión” y que ésta pudiera ser difundida a los cuatro vientos y leída o escuchada por gente a la cual no conocemos y puede que tampoco quisiéramos conocer de tener la oportunidad. De alguna forma, la generalización de la opinión de cualquiera ha derruido el prestigio de la “opinión profesional” y, paradójicamente, también la ha encumbrado. No obstante, ahora “todas las opiniones merecen respeto o son respetables” y todo el mundo “tiene derecho a dar su opinión”, lo que por cierto no implica una correlativa obligación de tenerla en cuenta ni siquiera de llegar a conocerla.

En esta vorágine de anónimos y no anónimos ciudadanos opinando de lo terrenal y lo espiritual nos preguntamos, no sin recelo, si es bueno que los gestores activos sean también activos en redes sociales. Sobre todo, en Twitter, también conocida como la red social del odio.

¿Es bueno que los gestores activos sean también activos en las redes sociales?

Hubo un tiempo en el cual el inversor partícipe de fondos de inversión se quejaba amargamente de la escasez y frugalidad de la información proporcionada por sus gestores. Aquellos trajeados y grises caballeros de tono de voz monótono parecían entes lejanos y distantes, figuras de autoridad paternal poblada de canas, de sonrisa tacaña y gesto adusto. Ahora, puede que muchos tengan la sensación de que esas figuras reverenciales a las que atribuíamos conocimientos arcanos capaces de desentrañar el caos incomprensible del funcionamiento de los mercados, se han transformado en comerciales de puerta fría o telefonazo caliente, en mormones incombustibles que llaman a tu puerta más veces que una horda de maquilladoras de Avon.

No sin cierto escepticismo, hemos sido testigos de la llegada a las redes sociales de los gestores y las sociedades gestoras. Quizá por prudencia, el típico y conservador partícipe de antaño, poco dado a los exhibicionismos, de carácter paciente y talante reservado, no aprobaría la profusión de apariciones sociales del gestor de su patrimonio, posiblemente aferrándose al cruel refranero español, que nos ofrece ejemplos imborrables y a la vez despiadados de sentido común, como “en boca cerrada no entran moscas.”

No obstante, es perfectamente legítimo y ningún reproche merece que los gestores y las sociedades gestoras se promocionen a través de las redes sociales. Su negocio consiste en captar fondos y, lógicamente, uno intenta pescar donde nadan más peces. No obstante, una cosa es pescar con caña sentado encima de una caja de cervezas frías al lado del rio y otra bien diferente lanzarse al mar con un mondadientes en la boca para trocear tiburones o, tratándose de Twitter, capturar pirañas.

En este entorno novedoso, el carácter de las intervenciones de unos gestores u otros varía diametralmente. Así, los nuevos gestores y sus nuevos fondos ofrecen una imagen más personalizada y tienden a ser más dicharacheros. En cambio, los viejos gestores y los viejos fondos (con sus viejos nombres u otros nuevos) ofrecen una imagen más corporativa y empresarial. Este patrón parece obedecer a la magnitud de los activos bajo gestión: a mayor AUM menor tuteo y viceversa, mayor apariencia de respetabilidad y cuidado de imagen, mayor profesionalidad. ¿Mayor rentabilidad?

Por otro lado, los peligros para los gestores que personalizan sus apariciones en redes sociales son de muchos tipos y no está claro si ellos son conscientes de los mismos. Sin ir más lejos, el primer riesgo es la adicción a la propia red y que los usuarios tengan la impresión de que “este tío se pasa el día en Twitter”, lo que conlleva subrepticiamente un reproche, el de no dedicar ese tiempo a analizar empresas o gestionar su cartera. Si el benchmark te machaca, algo nada extraño hoy en día, peor aún.

Otra adversidad surge de la combinación del mercado y la naturaleza humana. Si al gestor X, Mr. Market le premia con calabazas, poniendo en evidencia su estrategia de inversión, su stock picking y su filosofía y principios, un ejército de “vengadores financieros” y autoproclamados “defensores del inversor” se harán eco de su fracaso en el habitual estilo propio de manadas, jaurías y turbas con antorchas y sogas propias de la natural y rastrera condición humana de ensañarse con el perdedor y adular al ganador, aunque este ganador no sea siquiera una persona sino, lo más habitual, lo que en ese momento esté funcionando mejor en el mercado. Podría decirse que la sobre exposición acentúa el perfil y lo convierte en un blanco más asequible para la multitud de francotiradores del RT.

Es también notoria la cruel rueda de la fortuna en cuanto a la popularidad. En las RRSS esta es un arma de doble filo. Es habitual ver como gestores antaño halagados sin vergüenza ni límite de ningún tipo pasan, según transcurre el tiempo y los benchmarks los machacan, de “guays” a “losers” de manual. Quien ahora “cae bien” en el futuro puede “caer mal.” A veces incluso sin razón, porque el “haterismo” es un vicio como otro cualquiera y, en consecuencia, tan adictivo como otro cualquiera. ¡Guárdate, oh César, de los idus de mayo! Rehúye, oh gestor, el halago fácil y la simpatía, la fácil encerrona del “caer bien” porque “muchos que ahora son honrados perecerán.”

Destaca también el riesgo de “hablar demasiado.” La peor cara de este defecto es la crítica o burla de un gestor a otro gestor. Un acto cargado de poca perspicacia por la sencilla razón de que la burla proviene de los resultados, aunque jamás se aceptará que sea así. Pero los resultados buenos de hoy que a uno le permiten reírse de los malos resultados actuales de otro, pueden girar tan rápido como una veleta en un huracán. Diplomáticamente, llamaremos a este comportamiento “imprudencia con déficit de inteligencia.”

La variante de “bocachanclismo” menos personal en apariencia (pero totalmente personal en el fondo) es la crítica y burla a otras estrategias y procedimientos de inversión, desde el análisis técnico al cuantitativo o el macro o, cómo no, el value investing, ahora escrito sin demasiada originalidad con “b.” Aunque los gestores suelen comenzar diciendo que por encima de todo respetan mucho lo que otros hacen, en realidad no es así. No puede ser así. Ser gestor implica afirmar que lo que uno hace y piensa es mejor que lo de los demás. De lo contrario haría lo mismo que “los demás.” Aunque esto no implica que no existan diferentes caminos para llegar a Roma, difícilmente quien elige la ruta A lo hace porque la considere peor que quien elige la ruta B.

El tema no se agota aquí y haremos referencia a él en el futuro. Por supuesto, no hemos respondido a la pregunta que da título a este post. A lo mejor se puede responder a su vez (y torticeramente) con otra pregunta, como, por ejemplo, ¿se sentiría cómodo viendo en las RRSS como el gestor de su patrimonio hace memes? Ahí lo dejamos.

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