El inversor mileurista. Elogio de la pereza (II)

by in Principios de Inversión 22 enero 2014

El inversor mileurista. Elogio de la pereza (II)

“¡No conozco más vil oficio que el de vago!” exclamó indignado cierta vez el Conde de Floridablanca. Cierto es que en la mayor parte de las ocasiones la pereza no es una buena compañera de viaje. No obstante, toda regla general admite su correspondiente excepción. Nuestro mileurista no es un vago perezoso. Trabaja duro e intenta mejorar. Sin embargo, no lo consigue y si en enero del 2008 era mileurista en enero del 2014 lo continúa siendo. Por otro lado, y es lo que aquí nos importa, nuestro hombre de acción es el agente de mercado más perezoso y vago de la historia bursátil española. Salvo el uno de enero de cada ejercicio (y durante menos de una hora) pasa el resto del tiempo ocupado en sus asuntos para desesperación de brokers y demás intermediarios ávidos de comisiones generadas por la hiperactividad. A nuestro protagonista las portadas de los periódicos parecen no afectarle. El constante desfile de tickers en rojo y verde con los que nos obsequian los informativos que se paran en los parqués no le producen ni el más mínimo asomo de descarga de adrenalina. Es un caso perdido este holgazán redomado de los mercados…

Quizá más que el exabrupto del colérico Floridablanca al inversor mileurista le describa mejor el filósofo y sacerdote español Jaime Luciano Balmes cuando escribió que “la pereza, es decir la pasión por la inacción, tiene, para triunfar, una ventaja sobre las demás pasiones: y es que no exige nada.” El pequeño e indolente inversor de nuestra historia no es completamente inactivo. Lo que ocurre es que actúa muy poco. Tampoco se le exige nada. Al contrario, debe ahorrar disciplinadamente 50€ mensuales o el 5% de su exiguo salario para poner en práctica su proyecto de inversión. Sí es, en cambio, un apasionado de la inacción. En ella, al contrario de lo que pueda parecer, ha encontrado una poderosa aliada.

¿Los peores años bursátiles de nuestra vida?

Visto lo sucedido entre el 2008 y el 2012 en España bien pareciera esta pregunta una broma más que macabra. A muchos así les parecerá. El 2013 ha sido, sin embargo, un buen ejercicio. Aún así, para una gran parte de los inversores las pérdidas de años anteriores no han sido compensadas y a muchos no se les volverá a ver por la bolsa hasta la parte final del ciclo expansivo, cuando la próxima burbuja les produzca el consabido efecto de “estás siendo el último tonto: compra, compra, compra.”

Sin embargo, las oscilaciones bursátiles son mucho más pronunciadas que las oscilaciones en la economía real. Quien esté en paro padeciendo las consecuencias de esta crisis bien puede maldecir esto último acerca de la “relativa suavidad de las oscilaciones económicas.” Pero a nivel bursátil así es. La rentabilidad histórica media del mercado ronda el 10% anual. Ahora bien, esto es una media. Pocas veces se da el caso de que en el año x la bolsa suba un 10%. Lo normal es que cuando suba lo haga con más ímpetu, como así ha sido en el ejercicio 2013.

Independientemente de cada caso en particular dejemos que el gran Kostolany lo explique con su famosa metáfora del perro que vale la pena reproducir íntegramente:

“….la bolsa atraviesa un período de histeria y sus cambios oscilan en un zigzag incontrolable; abajo, arriba, abajo. Es como un hombre que pasea con su perro por la calle. El hombre sigue su paso de manera continua y regular: esto es la industria. El perro corre, avanza, salta de un lado para otro, regresa donde está su dueño, se adelanta de nuevo y así sucesivamente. Su camino se parece al que siguen las acciones y los valores, con sus mismos movimientos de avance y retroceso. Pero ambos siguen avanzando, el dueño y el perro, y finalmente llegan a la meta de su paseo. Mientras el hombre ha andado un kilómetro, su perro, para hacer el mismo camino, habrá recorrido dos o tres veces esa distancia. Así se mueven los cambios en una Bolsa desordenada. Dan dos pasos adelante y un paso atrás, pero acompañan en su avance a la expansión industrial.”

Los seis años que median entre el 2008-2013 no pueden ser considerados como un período glorioso de nuestra historia bursátil. Pero los extremos no describen casi nunca la realidad. Recordemos el plan trazado por nuestro mileurista y veamos qué tal le ha ido en estos aciagos años.

 

El fruto de la pereza en un par de cuadros

 

A 1 de enero de cada año empezando desde el 2008 y hasta el 2013 se invierte una cantidad fija de 600€ que obtiene la rentabilidad del IBEX y sus dividendos (que se reinvierten en el fondo). Y así siempre. Los resultados, dadas las circunstancias no parecen nada malos. Al cabo de estos seis ejercicios se ha ganado dinero como se ve en el cuadro. Ojalá fuera así. Esto no es más que la rentabilidad nominal máxima hipotética que se podría obtener. La vida no es así. Y la industria de los fondos de inversión mucho menos. Veamos unos resultados más realistas en el siguiente cuadro:

 

 

 

¿Qué demonios ha pasado aquí? En primer lugar, operar en los mercados no es gratis. Los gastos de gestión del fondo hay que restarlos a la rentabilidad nominal de la bolsa. Además, se producen fallos en la replicación del índice. En el supuesto que aquí planteamos la comisión de gestión del fondo es un abusivo 1% (demasiado elevada para un fondo índice aunque una ganga comparada con las que cobran los fondos de gestión activa) y, además, el fondo siempre tiene una desviación negativa del 1% respecto a su índice de referencia. Siempre lo hace peor y nunca mejor. Y cómo no, la peor invitada al banquete de la rentabilidad: la inflación.

En el segundo cuadro vemos los resultados reales que habría obtenido nuestro inversor mileurista en términos de poder adquisitivo, que es lo que a él le importa. Obsérvese como su cuota de 600€ en el 2008 se reduce a 592€ de poder real de compra en 2009 después de aplicársele el IPC correspondiente al año anterior y cómo esos 592€ de 2009 se convierten a su vez en 587€ en 2010. La inflación acumulada entre los ejercicios 2008 y 2013 deja la aportación nominal de 600€ realizada en 2008 en tan sólo 539€ en 2013.

Finalmente aplicamos un redondeo a la baja siempre en perjuicio del inversor por un mero criterio de prudencia. Compárense ahora los resultados del segundo cuadro con los del primero, es decir, rentabilidad nominal máxima con los más que probables resultados tamizados por la dura realidad del segundo cuadro, si bien es cierto que siempre nos hemos puesto, por decirlo de alguna manera, “en contra” de nuestro protagonista.

Por cierto, falta la visita de Hacienda. Pero de eso ya hablaremos en otro momento.

Valoración de estos resultados

Esta simulación ficticia no tiene ínfulas de exactitud. Es más probable que posible que en la vida real esos resultados fuesen un poco mejores. Nosotros hemos dado por hecho una comisión de gestión del fondo claramente abusiva para un fondo indexado y hemos supuesto siempre una desviación negativa del mismo. Hemos restado la inflación de cada ejercicio y redondeado a la baja siempre en perjuicio del mileurista.

Se podría pensar que los resultados finales son mediocres. Pero aquí opinamos lo contrario porque si usted presta atención nuestro protagonista ha conseguido algo muy difícil con un nivel de esfuerzo y atención ínfimo: no perder. En efecto, en la peor crisis económica y bursátil desde los años del cine mudo un ciudadano representativo de una parte muy importante de los asalariados españoles, sin especiales conocimientos financieros pero con cuatro ideas muy claras y las nociones básicas acerca de qué hacer y, sobre todo, no hacer, ha conseguido un resultado muy meritorio. No perder. Los adquirentes de otro tipo de activos, por ejemplo, bienes inmuebles probablemente no puedan decir lo mismo.

No perder es el primer paso para ganar y es dudoso que la mayor parte de los profesionales y gestores lo hayan conseguido durante estos 6 años dedicando mucho más tiempo y esfuerzo que nuestro perezoso inversor de recursos limitados y su modesto y simple sistema de indexación fija.

Nuestro héroe, el inversor mileurista, ha sido paciente, constante y disciplinado. Convirtiendo la pereza en virtud ha conseguido ni más ni menos que derrotar al peor momento de la economía nacional desde hace décadas y a la peor performance de su índice bursátil de referencia en relación con los países de nuestro entorno. Y además ha vencido a la inflación. En suma, ha sentado las bases de su prosperidad futura. Cierto es que aún no ha ganado. Pero ganará. Disciplina, tiempo y…pereza. Con estas armas, pese a su ignorancia, va a hacerlo mejor que la mayor parte de los profesionales porque en su caso lo importante y lo que cuenta no es lo que ignora, que puede ser mucho, sino lo que no ignora, que siendo bastante menos es, por otro lado, mucho más importante. Menos es más. Tan antiintuitivo como difícil.

En el próximo post conoceremos al mejor amigo de nuestro mileurista. Éste ha seguido el mismo plan que su homólogo pero su tasa de ahorro ha sido superior. Ha tomado el mismo número de decisiones que él, es decir, seis. Esto es, es igual de vago. Pero ha introducido un sutil cambio que examinaremos en breve. Los resultados serán igual de sorprendentes.

 

6 Comments
  1. Muchas gracias por ésta serie en especial de posts, pues se pone de manifiesto el inversor pasivo de Graham pero en los tiempos de hoy (mercado algo más eficiente dicen), de la fiscalidad nos olvidamos mientras que reinvirtamos los dividendos (esto no se si lo hacen automaticamente los ETF’s). De nuevo gracias 😉

  2. Estoy alucinado con sus articulos,que allazgo mas interesante vuestra web,no puedo parar de leer los articulos,me voy a dormir tarde por vuestra culpa.
    Muchas gracias por enseñarnos tanto y de manera tan amena.

  3. Eres mi alma gemela. Llevo años soñando con contactar con alguien que opine como yo, pero en mejor, y por fin tuve suerte. En los libros he encontrado a varios, pero en la vida real no había tenido esa suerte. GRACIAS

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