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¿DE VERDAD FUERON LOS PEORES AÑOS DE NUESTRA VIDA BURSÁTIL?

En Quiet Investment no hay spoilers: sí, efectivamente, el período 2000-2018 es claramente “los peores años de nuestra vida bursátil.” Por eso, lo único que importa en estos casos es cómo sobrevivir a algo parecido. Así que si semejante desastre volviera a repetirse (y lo suyo es la indexación o gestión pasiva) puede que le interese lo que viene a continuación.

Cuando escribimos La Guerra Financiera Asimétrica lo hicimos pensando en los peores escenarios bursátiles para el pequeño inversor. En esos entornos tan hostiles es donde pusimos en práctica las tácticas del promedio del coste monetario lineal y del promedio del coste monetario progresivo. Con ellas, tal como sostuvimos en la presentación que hicimos en la Value School, el inversor puede perfectamente perder todas y cada una de las batallas para, finalmente, ganar la guerra. De eso va la inversión: de ganar la guerra y no batallas o, peor aún, batallitas.

Así pues, continuando donde lo habíamos dejado, este era el panorama nominal y real del IBEX35 que un inversor se encontraba en los 19 años que median entre 2000-2018:

En ambas rentabilidades, nominal y real, se recoge un recorte del 1% a los dividendos (que no varía demasiado la rentabilidad del IBEX35 TR respecto a la definitiva del IBEX35 NR) y, sobre todo, unos gastos generales del FI que ascienden a un 1.1% anual. Como vemos en el cuadro de arriba ni el inexorable paso del tiempo, casi 20 años, consigue salvar la vida (bursátil) de 10.000€ invertidos en 2000.

Veamos qué ocurre si el inversor invierte 1.200€ anuales, 100€ al mes, en lugar de comprometer tanto dinero de una sola vez:

Tras invertir 22.800€ obtiene el inversor nominalmente 29.239, que equivalen en términos reales a 24.135€. Se acumula una rentabilidad real pequeña del 5.85% además de haber derrotado a la inflación. Desinvirtiendo en 2017, se habrían aportado 21.600€ y ahora existiría un beneficio real de 5.367€, casi un 25% de rentabilidad. Importa, pues, desinvertir siempre (siempre que se pueda, claro) tras un año alcista.

Si el inversor hubiera actualizado esa cuota a la inflación, manteniendo en términos reales su esfuerzo ahorrador, los resultados serían los siguientes:

En este supuesto no se invierten 22.800€ sino 29.361€ para evitar la erosión inflacionaria. Tanto a nivel nominal como real se obtienen ganancias si bien en términos reales estas resultan aún más pequeñas que en el caso anterior: 4.92%. Desinvirtiendo en 2017 se aportan 27.588€ y se obtiene casi un 24% de rentabilidad total y real acumulada. Una vez más nótese la importancia de no vender tras un año bajista y sí hacerlo tras, al menos, uno alcista.

Independientemente de la rentabilidad, importa señalar que para mantener el esfuerzo ahorrador resulta imprescindible que el ahorro se aumente anualmente de acuerdo (más o menos) al deterioro provocado por la inflación. Mantener la cuota idéntica año tras año es hacerse trampas al solitario. No son lo mismo 30.807€ reales que 24.135€ también reales, aunque esta segunda cifra tenga un ligero plus de rentabilidad que la primera. También importa la cantidad y no sólo la calidad.

Si el inversor fuera más audaz podría decidirse a invertir más dinero cuando la bolsa baja de modo que compre paulatinamente más barato y con más recursos que en el año anterior. Si a menor precio mayor rentabilidad el resultado final debiera ser mejor que en el supuesto del promedio del coste monetario lineal que acabamos de ver.

En tal caso, sin actualizar la cuota a la inflación, pero multiplicándola progresivamente a medida que la bolsa se hunde tenemos el siguiente panorama:

Lo primero que cambia ahora es el nivel del esfuerzo ahorrador: antes se invertían 22.800€ y ahora 44.400€. El inversor adopta una táctica muy agresiva: después de un año bajista invierte el equivalente a una cuota normal más y así sucesivamente. Por ejemplo, en 2001 aporta 2.400€ en lugar de los 1.200€ habituales porque el año precedente, el 2000, terminó en rojo. En 2002, puesto que 2001 también terminó en rojo invierte 1.200€ por 3, 3.600€. En 2003, al ser bajista también el 2002 aporta 1.200€ por 4, 4.800€. En 2004 debiera volver a la cuota habitual de 1.200€ pero lo cierto es que al terminar 2003 el inversor habría sumado 12.000€ que nominalmente valdrían 12.646 pero en términos reales 11.951€. En tales circunstancias aún le compensa invertir más dinero porque, aunque sea por poco, está en pérdidas y compra por debajo de su umbral de rentabilidad.

Esta excepción del año 2004 no vuelve a repetirse. Por ejemplo, al terminar 2009 se han aportado 25.200€ que en términos reales equivalen a 35.902€. En 2013 se acumulan 37.200 que en términos reales son 47.150€. Finalmente, en 2016 habría ahorrado el inversor 42.000€ que en términos reales valdrían 54.291€.

Tras haber invertido, pues, 44.400€ (una media anual de 2.337€ y mensual de 195€) finalmente tendría este inversor decidido y agresivo 64.805€ nominales o 52.454€ reales. Esto es, una rentabilidad total real acumulada de casi el 18%, que es bastante más que el 5.85% de la versión lineal con aportaciones no deflacionadas. Si la desinversión se hubiese realizado en 2017 la cantidad aportada se reduce a 43.200€ y la obtenida en términos reales a 60.017, un beneficio real de 16.817€ o una rentabilidad total real acumulada de casi un 39%. En el caso de la aportación lineal la rentabilidad era de un 25%.

Como podemos ver, en los peores años de nuestra vida aportar más dinero de manera decidida cuando la bolsa baja tiene dos importantes ventajas:

  1. Se acumula más capital porque se ahorra más de manera automática pues el comportamiento del inversor es completamente reactivo.
  2. Se mejora la rentabilidad en comparación al sistema de aportaciones periódicas siempre idénticas del promedio del coste monetario lineal.

Evidentemente hay un gran inconveniente: puede que el esfuerzo inversor no esté al alcance de todos. En el promedio del coste monetario lineal uno sabe de antemano lo que va a invertir. En el progresivo se sabe el mínimo a invertir, pero no el máximo. De ahí que requiera de inversores con la suficiente capacidad de previsión (liquidez) y estómago a prueba de balas.

El esfuerzo todavía resulta más extenuante si la cuota la actualizamos a la inflación:

Frente a los 44.400€ anteriores ahora se aportan 50.701€ (2.668€ anuales de media y 222€ mensuales). Existe una diferencia con el cuadro anterior en el año 2004: aquí no se progresiviza la cuota porque tras 2003, año alcista, se han aportado 12.840€ que en términos reales equivalen a 12.886€ (por los pelos).

La siguiente diferencia respecto al cuadro anterior con cuotas progresivas no deflacionadas radica lógicamente en la cantidad final atesorada que ahora son 69.550€ nominales o 58.023€ reales. Tras aportar 50.701€ se ganan 7.322€ en términos reales, un 14% de rentabilidad. Menos por tanto que con las cuotas no actualizadas a la inflación donde obteníamos un 25%. No obstante, en el otro caso atesorábamos 60.250€ con un valor real de 48.076 y ahora tenemos 69.550€ que valen 58.023€. Es decir, tenemos más, pero con peor calidad.

Desinvirtiendo en 2017 habríamos aportado 48.929€ que valdrían 65.943€ reales con un beneficio de 17.014€ o casi un 35% de rentabilidad total acumulada, menor también que el 39% que se obtenía con cuotas no deflacionadas. De nuevo, una vez más, se recomienda encarecidamente que no se desinvierta tras un año bajista.

En efecto, 2000-2018 han sido los peores años de nuestra vida bursátil, pero quién se acuerda ya de la burbuja punto.com o del lustroso lustro de 2003-2007. El inversor apela a la historia para no repetir los mismos errores, pero en realidad es animal de flaca memoria. Para muchos la historia de la inversión vuelve a comenzar de cero y lo hace al hilo de la Gran Recesión de 2008. Las quejas sobre el IBEX35 arrecian porque cuesta retrotraerse más allá de una década. Para muchos los peores años de nuestra vida bursátil hispánica son, de hecho, los que median entre el aciago 2008 y ahora. Veamos qué nos han deparado y cómo sobrevivir a ellos. No hay secretos: lo que ha valido para 2000-2019 valdrá para 2008-2018.

Santiago Casal

4 Comments

  • Inversor impasible

    26 de marzo de 2019 12:30
    Responder

    Hola Quiet Investment,
    ¿No consideras el IBEX-35 un índice muy poco diversificado, donde Banca-Energia y Telecos representan el 70% del índice? ¿Por qué no usar el MSCI Europe que engloba a 450 empresas o el MSCI USA que contiene 750?
    Saludos

    • David Núñez

      26 de marzo de 2019 14:29
      Responder

      Hola,

      Sí, las críticas al IBEX35 están justificadas o, por lo menos, una buena parte de ellas lo están. De hecho, en toda esta serie de posts se recomienda invertir en otros índices, como el SP500 o el MSCI World.

      De todas maneras, respecto a la inversión en índices locales tipo IBEX o DAX, lo cierto es que pocos se acuerdan de criticarlos cuando ofrecen mejores rentabilidades que los índices generales o globales. Sin ir más lejos, entre 1992-2009 el IBEX35 lo ha hecho mejor que el SP500.

      Sin embargo, si por algo utilizamos al IBEX35 es por su gran carácter didáctico pues no es otro el fin de esta serie de posts. Es a las malas, y no a las buenas con el viento de la rentabilidad a la espalda, cuando debemos testar cualquier estrategia o táctica de inversión. En concreto, el promedio del coste monetario.

      Gracias por su apunte.
      Saludos
      QI

  • Fran

    27 de marzo de 2019 15:24
    Responder

    Muy buen articulo. Felicidades David.

    • David Núñez

      28 de marzo de 2019 13:47
      Responder

      Gracias!

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