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COMPARACIONES ODIOSAS…CON RETROVISOR INCLUIDO

A toro pasado todos somos Manolete y a perro flaco todo son pulgas. Cuanta sabiduría no exenta de crueldad subyace en el rico refranero español. Viene lo anterior a cuento porque es ya un lugar común el menosprecio al IBEX35 y, en buena medida, razones no faltan para ello. Sobre todo, si se le compara con el rey de todos los índices, el SP500. Vale la pena, no obstante, realizar algunas puntualizaciones.

Se le achaca al IBEX35 el excesivo peso que el sector financiero tiene en su composición y ponderación. Que detrás de este índice subyace una economía con serios problemas coyunturales y estructurales. También que mejor sería si se configurara como un índice de capitalización. Por otro lado, ¿para qué 35 compañías si con 20 empresas prácticamente se cubre el 80% de la capitalización total del mercado continuo español? No hacen falta tantos indios para tan pocos vaqueros. El far west ibérico queda suficientemente bien representado.

Pero todas las taras anteriores, y otras que el lector puede añadir gustoso en los comentarios, no son nada comparadas con la mala performance de nuestro benchmark hispánico de referencia, especialmente durante la última década. Mucha hipocresía subyace en este asunto porque en realidad, cualquier crítica hacia un índice se diluye como un azucarillo en la memoria del inversor siempre y cuando la rentabilidad ofrecida por aquel sea buena. Entonces, toda tara y todo defecto se desvanece… como lágrimas entre la lluvia.

De todas maneras, ¿qué tal lo han hecho el IBEX35 y el SP500 respectivamente durante los últimos 27 años, entre 1992 (año de partida del IBEX35) y el funesto 2018? Echemos un vistazo:

En el siguiente cuadro tenemos la rentabilidad anualizada del IBEX35 Total Return deflacionada de acuerdo con los datos de inflación ofrecidos por el Banco Mundial:

De 27 años nada más y nada menos que 10 son claramente bajistas. Es también probable que el 2012 lo sea puesto que una rentabilidad pírrica del 0.33% se desvanece entre retenciones a los dividendos y gastos de intermediación. Por si fuera poco, el ejercicio 2016 es muy mediocre si bien no nos parece tan claro como en el caso anterior que la rentabilidad minorada por impuestos y comisiones la convierta en negativa. Pongamos de todas maneras que de 27 años 12 son bajistas o prácticamente bajistas. En tal caso, y se dice pronto, más de un 44% de los años el IBEX35 ha provocado pérdidas o, dicho en “politiqués”, no ha generado ganancias.

El equivalente a 10.000€ invertidos en 1992 serían ahora (ex impuestos y gastos de intermediación) unos 46.038€, prácticamente los niveles de 1999, 2006 y 2009 y también inferior a los niveles de 2014-2017. Ante tal panorama no es de extrañar que broten lágrimas y lamentos, como setas surgen en otoño. Aún así hablamos de una rentabilidad compuesta anual real del 5.82% y total acumulada del 360%.

Nótese la diferencia entre el IBEX35 TR y su versión deflacionada en términos de rentabilidad. Sin contar la inflación hablaríamos de una rentabilidad total acumulada del 824%, un 8.58% compuesto anual. La inflación convierte 92.377€ en 46.038€. Unos beneficios máximos de 82.377€ se esfuman más rápido que un ninja y aparecen 36.038€. Se dice bien pronto, pero 46.339€ no volverán jamás. Ni más ni menos que el 56% de la rentabilidad máxima ideal del IBEX35 TR desde 1992 hasta 2018 se los lleva la inflación. Falta todavía la retención al dividendo y los gastos de intermediación y, posteriormente, el impuesto de plusvalías. ¡Agárrate los machos! Y eso que la inflación media del período no alcanza el 3%, quedándose en un “moderado” 2.62%. ¿Dónde está mi pasta?

Al otro lado del ácido charco, el SP500 Total Return deflacionado según los datos de inflación para USA proporcionados también por el Banco Mundial arroja la siguiente performance:

Teóricamente aquí hay sólo 5 años bajistas: 2000-2002, 2008 y 2018. Sin embargo, la inflación convierte en negativos 1994 y 2011. Además, el 2005 y el 2015 arrojan rentabilidades tan pírricas que hay serias dudas de que impuestos y gastos de intermediación no los vuelvan rojos. A su vez, el ejercicio 2007 es aún más mediocre que el 2016 del IBEX35 generando la misma serie de dudas. Podríamos decir que hay 10 años claramente bajistas o, de nuevo en “politiqués”, difícilmente considerables alcistas. Un 37% de todos los años del período 1992-2018 son, pues, para olvidar. Consigue, no obstante, el SP500 TR Real una rentabilidad compuesta anual del 6.65%, muy en la media histórica de este índice, entre un 6%-7% real.

Véase aquí también la diferencia entre los 56.918$ deflacionados y los 103.890$ de la versión ideal del SP500 TR. Los 93.890$ de beneficio, una rentabilidad total acumulada del 939%, se quedan en 46.918$. La mitad de las ganancias se han esfumado. La inflación media del período 1992-2018 en USA ha sido ligeramente más moderada que la española, del 2.30% de media anual. Aún así es más que suficiente para pulverizar la mitad de los beneficios. Y aquí también falta hacienda e intermediarios. Tremendo.

Sin embargo, la memoria es flaca y el inversor rápido a la hora de crucificar índices y países. Si se presta atención a ambos cuadros se podrá observar que los años 90 fueron buenos tanto en USA como en España, pero en España lo fueron aún más. Por ejemplo, en el período 1992-1999 el IBEX35 rentabilizó un 20.73% compuesto anual frente al 17.12% del SP500. Incluso tras la tríada bajista de 2000-2002, peor en España que USA, arrojaba la bolsa española un 7.36% de rentabilidad compuesta anual frente al 6.58% de la americana. Todo contado para una inversión inicial realizada en 1.992.

Lo mismo puede decirse del período 2003-2007. El inversor americano de 1.999 hubo de esperar hasta el 2013 para ver recuperada su inversión. El español hasta 2006. Para quienes crucifican ahora al IBEX35 cabe señalar que entre 1999 y 2013 median 14 años. De hecho, entre 1992-2007 la rentabilidad compuesta anual desde su inicio del IBEX35 fue del 11.43% frente al 7.61% americano.

Es más, para los inversores de 1992 imaginariamente indexados a ambos índices no es hasta 2016-2018 donde la balanza se inclina del lado americano. En realidad, la bolsa española lo ha hecho mejor que la americana hasta el 2010: IBEX35 13- SP500 6. Lo hizo peor en 1992, 1994-1995, 1999-2000 y 2002. En los otros años ganó y a veces por goleada. Ahora parece difícil de creer porque la comunidad inversora tiene la memoria vital de un millennial. Pero lo cierto es que entre 1992-2009 la rentabilidad compuesta anual que ofrecía el IBEX35 desde 1992 ascendía a un 8.91% frente al 5.05% americano.

En el cómputo global, ya con los años 2010-2018 en la mochila, las tornas cambian y el balance final es el siguiente: IBEX35 12 – SP500 15. Espectacular remontada americana en el último tercio de partido. De 27 años el SP500 se ha adelantado al IBEX35 en 1992, 1995 y 2016-2018. Se ve que esprintan mejor en el continente americano.

Decíamos en La Guerra Financiera Asimétrica que convenía al inversor distribuir sus recursos entre más de un índice, pero tampoco entre demasiados. Proponíamos una indexación global al SP500 o MSCI World, otra regional al EUROSTOXX y otra local, al IBEX35. Todo como ejemplo abierto y no taxativo. La razón estribaba en que, si bien a largo o muy largo plazo las rentabilidades bursátiles tienden a parecerse, no era menos cierto que los caminos seguidos para alcanzarlas podían bien diferir y mucho.

Por ejemplo, el inversor español hasta 2010 (incluso hasta el 2016) celebraba su elección por el mercado local mientras el indexado al mercado norteamericano maldecía su suerte. En 2018 maldice su destino el español y bendice el suyo el americano. Pero nada dice que no pueda revertirse la situación sin que ello implique que ambos índices no caminen por senderos positivos. O negativos.

Sirva esto de recordatorio para todos aquellos que se apresuran a desechar países, zonas geográficas e índices porque miran por el retrovisor sólo hasta donde quieren ver. Quizá la enseñanza que podemos extraer de todo esto es que puede que el IBEX35 no sea tan malo ni el SP500 tan bueno y que al final el éxito de cualquier proceso inversor dependerá de la constancia, paciencia y disciplina con el cual se encare.

 

 

Santiago Casal

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