¿DEBEN CAER LAS BOLSAS PORQUE CRECEN A UN RITMO INFERIOR AL PIB?

by in Cultura Financiera, Finanzas, Opinión y Actualidad, Principios de Inversión 18 septiembre 2020

¿CAEN LAS BOLSAS Y CRECE EL PIB? Es la pregunta que se hacen muchos inversores, sobre todo actualmente, con los PIB de casi todos los países contrayéndose debido al COVID19. En realidad, es una pregunta que los inversores llevan haciéndose desde siempre. Y no sólo ellos. Ken Fischer y Lara Hoffmans, en “El pequeño libro de los mitos del mercado”, también se lo preguntan. O, mejor dicho, lo aclaran, puesto que de manera intuitiva muchos inversores creen a pie juntillas en una férrea correlación entre la trayectoria del PIB y la de las acciones.

¿CAEN LAS BOLSAS Y CRECE EL PIB? ESA ES LA GRAN PREGUNTA

Así, se afirma recurrentemente que los beneficios de la bolsa son insostenibles y deben caer porque aumentan a un ritmo superior al índice de crecimiento de la economía. Por ejemplo, el crecimiento del PIB de EEUU ha registrado un nivel medio del 3% mientras que las acciones se han revalorizado una media del 10% anual. Se trata de un mito que vincula erróneamente la rentabilidad de las acciones y el índice de crecimiento del PIB porque no tiene en cuenta qué es realmente el PIB y qué son las acciones.

El PIB es un intento imperfecto de medir la producción nacional. Se basa en estudios y supuestos y se actualiza tarde. No mide el patrimonio ni el bienestar económico de una nación, sino que se trata de un flujo económico estándar que se calcula de la siguiente manera:

PIB = consumo privado + inversión bruta + gasto público + exportaciones netas

(La inversión bruta es la inversión no residencial, es decir, el gasto de las empresas, más la inversión residencial, más las variaciones de existencias. Las exportaciones netas es la diferencia entre exportaciones e importaciones).

Aunque importar más de lo que se exporta va en detrimento de la producción no es necesariamente malo y puede ser considerado una señal de vitalidad económica. Las principales naciones desarrolladas que son importadores netos (USA o UK) tienden a tener índices más altos de crecimiento anual que los exportadores netos (Japón o Alemania). Reducir las importaciones de manera radical en relación a las exportaciones haría aumentar el PIB, aunque paradójicamente sería una señal de problemas más graves, como que una recesión haya colapsado la demanda.

Muchos de los bienes que se importan son, además, bienes intermedios. Se unen a otros fabricados en múltiples lugares y luego se revenden al extranjero o dentro del país. Cuando las empresas importan insumos más baratos mejoran los márgenes de beneficio, aportando valor a los accionistas y permitiendo a los consumidores comprar productos de mayor calidad a precios más económicos. Pero esto no se refleja en el PIB.

¿CAEN LAS BOLSAS Y CRECE EL PIB? ESA ES LA GRAN PREGUNTA

A su vez, reducir el gasto público va en detrimento del PIB, pero eso no implica necesariamente algo negativo. El sector privado es un asignador de capital más inteligente y eficiente que el gobierno porque cuando una empresa invierte dinero, dicho capital procede de sus beneficios o de préstamos. Si dicho gasto no se convierte después en mayores beneficios, a la larga el negocio deja de existir por el efecto de la destrucción creativa. En cambio, los países con abultados gastos públicos que han desplazado al sector privado están abocados a tener economías menos competitivas porque el gobierno no está sujeto a las fuerzas de la destrucción creativa, pues gasta el dinero que extrae de individuos y empresas, impidiéndoles asignar ese dinero de manera más inteligente, persiguiendo sus propios intereses. Si gasta mal el dinero no quiebra y desaparece. Si necesita más, no tiene que crear algo de valor sino subir más los impuestos. Si los políticos emplean mal el dinero algunos perderán sus cargos en las siguientes elecciones, pero serán sustituidos por otros que tampoco responderán fiscalmente por sus actos, como sí responden ciudadanos y empresas. La deuda no es el problema de estos países sino el exceso de gobierno en detrimento de su sector privado.

Por otro lado, una variación sobre el desajuste entre el PIB y las acciones incide en que las segundas han subido demasiado y muy rápido. Quienes plantean esta idea se aferran a los gráficos que muestran los rendimientos totales a lo largo del tiempo del S&P 500. Su temor proviene de utilizar escalas lineales y no escalas logarítmicas. Las primeras funcionan perfectamente y se utilizan sin parar en la medición de rentabilidades. Pero al usarlas en períodos más prolongados, cuando medimos algo que crece cumulativamente, cada movimiento de un punto ocupa la misma cantidad de espacio vertical. Como los retornos bursátiles son cumulativos su impacto al final de un gráfico lineal es enorme porque el nivel del índice es mucho más elevado.

¿CAEN LAS BOLSAS Y CRECE EL PIB? ESA ES LA GRAN PREGUNTA

En cambio, una escala logarítmica funciona mejor a la hora de considerar la rentabilidad del mercado a largo plazo pues la variación porcentual parece incluso igual si las variaciones absolutas de los precios son muy diferentes.

Las acciones representan una parte de la propiedad de una sociedad mercantil, no una porción de la producción económica nacional actual o futura. Cuando compramos una acción, poseemos una parte de una compañía y de sus ganancias futuras, que se espera aumenten con el tiempo. Así, la evolución de los beneficios por acción del S&P 500 corre pareja a la evolución del índice. Pero esos beneficios no son algo que se calcule en el PIB. Sí lo hace el gasto corporativo, pero no las ganancias. El gasto de una compañía puede contribuir a los beneficios de otra o sus ganancias verse afectadas por si una economía crece o no. Pero los beneficios dependen de los ingresos menos los costes y el PIB no tiene ningún tejido conectivo directo con ninguno de los dos. Las empresas cotizadas y sus acciones funcionan en nuestra economía, pero el mercado bursátil y la economía no son lo mismo ni intercambiables. Las tasas de crecimiento del PIB y la rentabilidad de las acciones no tienen vínculos. Los beneficios y el precio de las acciones crecen y es muy probable que con el tiempo continúen haciéndolo más rápido que el PIB porque las acciones representan el continuo y exponencial impacto de las innovaciones, lo que a lo largo del tiempo contribuye a mayores ingresos. Eso no se puede captar en un flujo económico, como es el PIB.

La postura de Ken Fischer y Lara Hoffmans respecto a la equiparación entre el crecimiento del PIB y de las bolsas puede resumirse acudiendo al rico refranero español: “No hay que mezclar churras con merinas.”

Esta cuestión reviste una gran importancia porque conecta directamente con esta otra pregunta: ¿debe el inversor “apostar” bursátilmente por los países que muestran tasas de crecimiento económico elevadas a través del PIB, como los Emerging Markets?

Intentaremos responder a esa pregunta próximamente.

 

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