5000 LUCES DEL DOLLAR COST AVERAGING

by in Finanzas, Fondos de inversión, Principios de Inversión 1 diciembre 2021

5000 LUCES DEL DOLLAR COST AVERAGING

En el post anterior mostramos lo difícil que es remar contracorriente cuando los mercados atraviesan una racha realmente mala. Poco se puede hacer al respecto, salvo salirse o persistir con el DCA. Pero aún en este último caso las dificultades no desaparecen. Como mucho se alivian (pero no se esfuman) porque al final es muy complicado levantar a corto o medio plazo un desastre como el de 2000-2008. Ni en términos nominales ni, mucho menos, en términos reales.

5000 LUCES DEL DOLLAR COST AVERAGING

Pero dejemos a un lado las hipótesis realizadas alrededor del Vanguard U.S. 500 Stock Index Fund Investor EUR Accumulation, lejos del alcance del inversor español de entonces. Veamos un caso mucho más realista usando uno de los fondos índices españoles más veteranos, el archiconocido (y caro) ING Direct Fondo Naranja Standard & Poor´S 500 FI. Aunque a muchos les extrañe, lo cierto es que la indexación en España lleva en auge dos telediarios. De hecho, el primer robo advisor no aparece en nuestro país hasta 2014 de la mano de Feelcapital. Indexa lo hará en 2015, Finizens en 2016 y Finanbest, Inbestme o Myinvestor en 2017, por citar solo algunos. Sin embargo, el inversor indexado español se expresa como si hubiese comprado el mundo hace 200 años y es capaz de apelar a las bondades del DCA sin haber padecido ningún período bajista de relevancia. Y la razón fundamental es sólo una, por mucho que no nos guste admitirla: los mercados han ido al alza y los productos indexados, por tanto, también, obteniendo muy buenas rentabilidades. Por el contrario, otras opciones de inversión, especialmente el value investing, lo han hecho muy mal. Todo el mundo parece un genio cuando la bolsa sube, como si fuera mérito suyo, y cualquier afirmación que realice, por dogmática y alejada de una expectativa de rentabilidad más razonable, se ve confirmada por la superación incesante de los máximos de ayer.

El fondo naranja de tu “banco amigo” nos permite obtener una visión de largo plazo de lo que hubiera podido ser la experiencia real de un inversor español. Este fondo se expresa en euros y no cubre divisa, ofreciendo datos por años completos desde 2006. Veamos entonces el período 2006-2013 en el cuadro de abajo. Usaremos rentabilidades reales, asumiendo la inflación expresada a través del IPCA.

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Una cantidad de dinero invertida a principios de 2006 no se recupera hasta 2013, es decir 8 años después. El inversor de principios de 2007 también habrá de esperar al 2013, 7 años. El de comienzos del nefasto 2008 no será una excepción y volverá al punto de partida también en 2013, 6 años más tarde. Aún así, sus plazos de espera son la mitad que los del supuesto catastrófico del post anterior, que nos llevaba, en el peor de los casos, hasta los 16-17 años antes de volver al punto de partida.

El caso del FN de ING es más realista con la oferta de productos indexados españoles. Además, es bien posible, y muy recomendable, que el inversor use el DCA a lo largo de este período. Pongamos que realiza una modesta aportación anual de 1.200€ que actualiza cada año redondeando al alza para compensar la inflación. En tal caso el cuadro de arriba se convierte en el siguiente:

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Ahora, el inversor de 2006 recuperará su dinero tras 5 años, en 2010, ahorrándose 3 años. El de 2007 lo hará en 4 años, no 7, también en 2010. Y el de 2008 en 3, no 6, también en 2010. La práctica de un DCA modesto le permite recuperar su dinero tres años antes. Todo en términos reales. Es un buen ahorro de tiempo y un argumento muy poderoso a favor de la realización de aportaciones periódicas. Aunque el trienio 2006-2008 es especialmente malo, no se puede ni comparar con una concatenación de años tan desastrosos como el período 2000-2008, capaces de arruinar cualquier programa de inversión periódica en el sentido de exigir al inversor una paciencia que trasciende la década. No es lo mismo esperar 8 años que 16 o 17. Y tampoco es lo mismo esperar 5 que 13.

El ejemplo anterior podría ser perfectamente real. El inversor usa un producto ineficiente desde el punto de vista de su coste, es verdad. Pero es que no había demasiado donde elegir. Cierto es que se trata de un ejemplo ventajoso en el sentido de que el inversor se encuentra al principio de su vida inversora y no al final, donde un trienio como 2006-2008 puede hundirle la rentabilidad sin que el DCA le salve a tiempo. Además, el inversor no se arredra ante los mercados bajistas y continúa invirtiendo actualizando al alza su aportación anual. Damos por hecho que no ha necesitado el dinero ni que tampoco le ha afectado la recesión, por ejemplo, costándole su empleo. El miedo a las caídas tampoco le ha hecho mella.

Lo anterior y el ejemplo contrario visto en el post anterior nos conduce a la siguiente y probable conclusión: el DCA es una técnica de inversión muy útil que permite al inversor reducir los tiempos de espera para recuperar su dinero cuando los mercados han ido a la baja de manera agresiva o muy agresiva. Pero al mismo tiempo nos señala que es necesario un ejercicio de disciplina y realismo a la hora de valorar la utilidad del DCA. Queremos decir con esto que la utilidad de una técnica de inversión enfocada al largo plazo para aminorar las pérdidas difícilmente evitables de los mercados no equivale a una solución mágica al problema principal al cual ha de hacer frente el inversor indexado: que su estrategia de buy&hold se verá afectada por la volatilidad de los mercados y que habrá de asumir tiempos de espera de diferente duración, dependiendo de las circunstancias, para recuperar su dinero.

La recomendable práctica del DCA no equivale a no tener que esperar ni tampoco significa un despreocupado brindis al aire sosteniendo que no pasa nada si la bolsa se hunde porque “yo hago DCA y todo arreglado.” Eso dependerá de en qué momento de su vida inversora se encuentre uno, de cuantos recursos dedique a sus aportaciones periódicas y de lo que finalmente termine haciendo el mercado, ya que si éste no sube o no lo hace en determinada magnitud el inversor se va a llevar una desagradable sorpresa. Y recordemos que esto último no depende en absoluto de su voluntad. El inversor no tiene el control de los mercados. En el mejor de los casos tiene el control de sí mismo.

Asumir, sin un plan B, que “el tiempo lo cura todo porque uso tiritas marca DCA” puede conducir al inversor que se cree que “ha comprado el mundo” antes de que Jeremy Siegel nos obsequiara con su archifamoso gráfico de la evolución histórica de la rentabilidad de las acciones a largo plazo, a un auténtico desastre. Y eso por mucho que asegure convencido que va a realizar sus aportaciones periódicas pase lo que pase o, incluso, a invertir más cuando el mercado caiga.

Porque al final, querido lector (indexado o no) resulta que todos sabemos lo que tenemos que hacer en los mercados, pero por alguna extraña razón muchas veces o no lo hacemos o hacemos justo lo contrario. No te enfades con Quiet Investment si criticamos (y alabamos) al DCA. Ya sabemos que eres el mejor. Es una suerte para ti que no te hagas tantas preguntas ni necesites un espejo donde mirarte. El problema es que, Dios no lo quiera, esa no va a ser la suerte de tu patrimonio.

 

@mellizonomics & @quietinvestment

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