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¿27 SOMBRAS OSCURAS DEL IBEX35?

 Una por cada año desde su nacimiento allá por los felices noventa, para ser más precisos en 1992 que, por cierto, terminó en rojo. Mal empezamos. Vale la pena acudir al escenario altamente hostil diseñado en post anteriores y explicado con sus correspondientes puntualizaciones aquí para replantear el tema desde la perspectiva, más apegada a la realidad, del inversor que realiza aportaciones periódicas a un fondo índice indexado. Pero antes perfilaremos unos márgenes de rentabilidad probable en términos reales para responder a la pregunta primigenia de si la bolsa es un lugar idóneo para conservar el patrimonio ahorrado y obtener, además, algún eurillo extra.

 ¿Podrá entonces el torturado IBEX35, con los recortes practicados antes en materia de dividendos, gastos generales e inflación, ser un lugar seguro para al menos conservar el patrimonio del inversor? Vayamos, pues, por partes.

  1. RENTABILIDAD DE UNA INVERSIÓN INICIAL EQUIVALENTE A 10.000€ EN UN ESCENARIO ALTAMENTE HOSTIL.

Recordemos de nuevo que en este caso modificamos el IBEX35 Total Return recortando su dividendo en un 35% y obteniendo un muy minorado IBEX35 Net Return al que posteriormente le aplicamos un recorte de un 1.5% en concepto de gastos generales del fondo, llegando a un IBEX35 Nominal que volvemos a recortar en función de la inflación quedándonos finalmente con un reducido IBEX35 Real. En este caso usaremos los datos de inflación del Banco Mundial en lugar de los ofrecidos por el IPC, pues son aquellos un poco más gravosos. Los años deflacionarios (2009 y 2014-2016) no hacen aumentar la rentabilidad real del índice que se queda al mismo nivel que la señalada para el IBEX35 Nominal. Es decir, que no se usa la inflación-deflación cuando nos beneficia sino solo cuando nos perjudica.

En tal supuesto los 10.000€ iniciales se transforman en 21.124€, es decir, en una rentabilidad total acumulada del 111% y compuesta anual del 2.81%. Tenemos 11.124€ de beneficios reales que, una vez liquidados con Hacienda al 35% (igual que los dividendos retenidos) y restando 3.893€ se quedan en unos raquíticos 7.231€, o sea, un 2.04% compuesto anual o un 72% de rentabilidad total. De alguna manera esta rentabilidad la consideramos el mínimo de todos los mínimos en la inversión indexada a largo plazo y confirma que el inversor sí conserva su capital invertido, obteniendo además una rentabilidad neta, “netísima” eso sí, pero libre de toda mácula.

Destaca sobremanera en el cuadro que al inversor le sobran todos los años que median entre 1998-2018 pues finalizado 1997 ya acumularía 23.819€, una cifra superior a los 21.124€ de 2018. Dicho de otra manera: 21 años, ni más ni menos, tirados por la borda de la pésima performance del IBEX35 desde el 2008 en adelante.

  1. RENTABILIDAD DE UNA INVERSIÓN INICIAL EQUIVALENTE A 10.000€ EN UN ESCENARIO BENIGNO.

En este entorno suponemos que la retención al dividendo practicada dentro del FI es del 1% (como ahora) y que los gastos del FI son más razonables, del 1%, aunque relativamente elevados. También aplicamos favorablemente la deflación producida en los años 2009 y 2014-2016.

Ahora la rentabilidad total acumulada es del 250%, un 4.75% compuesto anual. Tenemos unos beneficios reales de 24.991€ que vamos a reducir en un 23% (tasa máxima actual) suponiendo que existe sólo un tramo. La broma tributaria nos cuesta 5.748€, quedándonos entonces con 19.243€. Se logra así un 4.05% compuesto anual o una rentabilidad total acumulada de casi el 193%. Estas cifras ya se parecen más a lo que razonablemente cabe esperar de la inversión bursátil a largo plazo.

Poco se mejora en términos de “tiempo perdido” porque lo que tenemos en 2018 ya lo teníamos en 1998. Hemos mejorado respecto al caso 1 y ahora, en lugar de echar por la borda 21 años, “tan sólo” hemos desperdiciado…20 años.

  1. RENTABILIDAD DE UNA INVERSIÓN INICIAL EQUIVALENTE A 10.000€ EN UN ESCENARIO ALTAMENTE HOSTIL INVIRTIENDO Y DESINVIRTIENDO EN AÑOS ALCISTAS.

No todo tiene por qué ser un infierno. Supongamos que en lugar de 27 años nos enfrentamos a 25, comenzando a invertir en 1993 y desinvirtiendo en 2017.

En tal caso la rentabilidad total acumulada sería del 193%, 4.39% compuesto anual. Partiendo de 10.000€ en 1993 conseguiríamos 19.251€ que, tras un 35% de impuestos restando 6.738€, se quedan en 12.513€, un 125% de rentabilidad total acumulada o un 3.30% compuesto anual. A pesar de tantos sinsabores bajistas hay que reconocer que no está tan mal. Eso sí, podríamos habernos ahorrado también 20 años de espera pues no estamos mejor que en 1998.

  1. RENTABILIDAD DE UNA INVERSIÓN INICIAL EQUIVALENTE A 10.000€ EN UN ESCENARIO BENIGNO INVIRTIENDO Y DESINVIRTIENDO EN AÑOS ALCISTAS.

Pongamos ahora las mismas condiciones que en el caso número 2 pero también invirtiendo en 1993 y desinvirtiendo en 2017.

Los 10.000€ comprometidos en 1993 se transformarían en 46.337€ en 2017 y la rentabilidad compuesta anual asciende a un 6.33%, suponiendo una rentabilidad total acumulada del 363%. Los 36.337€ de beneficio real menos un 23% de impuestos, 8.358€, pasan a ser 27.979€, esto es, una rentabilidad total acumulada del 280% y compuesta anual del 5.48%. No sirve de consuelo, pero el inversor ya no desperdicia ahora ni 21 ni 20 años. Esta vez sólo 19 pues se encuentra en niveles de rentabilidad semejantes a los que tenía al finalizar 1999.

 

MÁRGENES RAZONABLES Y PEGAS TAMBIÉN MUY RAZONABLES.

De lo mínimo en el caso 1 (un 2.04% compuesto anual) a lo máximo del caso 4 (un 5.48% compuesto anual) media un interesante trayecto que transcurre a través del depauperado IBEX35, ejemplo rutilante de expectativas vs realidad pero también sabio ejercicio de realismo. Puede decirse que sí, que la bolsa (incluso la española) es un lugar idóneo a largo plazo para conservar el patrimonio y obtener, además, una rentabilidad neta y real que incremente aquel ahorro.

Se puede argumentar que quizá haya activos mejores. Puede ser. Pero en todo caso también a ellos se les aplican impuestos confiscatorios, gastos de intermediación e inflación. Puede añadirse que mirando atrás no es posible determinar que se comience una inversión en un año alcista. Cierto es. Pero también se puede contraargumentar que no siempre se va a empezar con mal pie y que la vida no es miseria a perpetuidad. Queda fuera del alcance del inversor contrarrestar la rentabilidad negativa del momento inicial de la inversión puesto que éste no sabe cómo va a evolucionar la bolsa en ese primer año. No obstante, se puede decir también que sí es posible elegir el año de desinversión. Es decir, el inversor puede comenzar a invertir en un año bajista y nada podría remediarlo, pero, sin embargo, no tiene por qué desinvertir su dinero en un año bajista. Puede esperar a hacerlo tras uno o dos ejercicios alcistas (salvo caso de fuerza mayor). Es importante este punto porque muchos inversores se preguntan constantemente cuándo desinvertir en lugar de preguntarse cuándo no hacerlo.

Por eso, al eterno interrogante de qué podemos esperar a largo plazo de la inversión bursátil indexada podríamos decir que en el peor de los casos nos moveríamos entre un 2.0%-3.0% compuesto anual y en el mejor (en índices “churruteros” como el IBEX35) entre un 5%-6% compuesto anual. En índices más decentes, como el SP500, el mejor de los casos no es “muy mejor”, puede que un 6%-7% compuesto anual, mientras que el peor de los supuestos tampoco es “tan peor”, como el del malogrado IBEX35. Todo lo anterior, por supuesto, en términos reales y libre de más impuestos que abonar al fisco. Todo en términos absolutamente netos.

Así pues, quien quiera más debe buscar la aguja en el pajar de la gestión activa. Conviene entonces que proceda con cuidado porque el 95% del tiempo en el pajar solo encontrará…paja.

Veremos en el episodio siguiente un ejemplo ilustrativo de aportaciones periódicas anuales. Por supuesto, de la mano de nuestro querido y vilipendiado IBEX35.

 

Santiago Casal

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